Sólo el gran Michael Schumacher se interpuso ayer entre Fernando Alonso y la victoria en el Gran Premio de España de fórmula 1. El español, cuyo destino como próxima estrella del automovilismo parece fuera de cualquier duda, se aproxima a una meta que parecía inalcanzable en un país sin tradición en esa especialidad. Por delante tuvo un ferrari conducido por uno de los mejores pilotos de la historia. O sea, dos leyendas reunidas: el coche rojo y el as alemán. No es poca cosa para un muchacho de 21 años que aprende como conduce, a una velocidad vertiginosa.
Alonso pertenece a la raza de los predestinados. Primero fue el niño que producía admiración en el reducido grupo de iniciados del automovilismo. Pronto corrió la palabra de su talento. En las categorías que sirven como cantera de la fórmula 1 adquirió el rango de los elegidos. Los expertos vieron en él todas las condiciones de los campeones, concretadas ahora en carreras como la que ofreció ayer en Montmeló. Es evidente que aquellas predicciones se ajustaban a la realidad del ingenio de Alonso, convertido instantáneamente en la gran noticia del año en el deporte español.
Ante los míticos 'ferraris', 'mclarens' y 'williams', Alonso ha lanzado un desafío impensable
Probablemente los expertos eran capaces de detectar lo que de diferente tenía el piloto español en la pista. Pero eso no explica suficientemente su arrollador éxito. Alonso ha tenido tres cualidades esenciales en el duro tránsito de las categorías inferiores a la suprema del automovilismo. Por un lado, se armó de voluntad y paciencia para superar las decepciones en Minardi, la escudería que le permitió ingresar en la fórmula 1. No le debió de resultar sencillo aceptar las limitaciones de aquel coche, pero, lejos de ablandarle, aquella aventura sacó lo mejor de su espíritu competitivo. Alejado de las pistas en la anterior temporada, Alonso aprovechó el tiempo para aprender como probador de Renault los secretos de su nueva cabalgadura. Aprendió mucho y muy bien, por lo que parece. Hay otra cualidad que merece destacarse en el asturiano: la ambición que acompaña a los grandes campeones, la clase de ambición que viene acompañada por el sentido de la oportunidad. Alonso no ha perdido el tiempo ni ha sentido complejo alguno. Frente a los míticos ferraris, mclarens y williams, ha lanzado un desafío impensable con el nuevo Renault. Los resultados están a la vista. Ayer fue el segundo en Montmeló. La victoria cada vez se antoja más próxima.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 2003