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LA POSGUERRA DE IRAK | Las armas de destrucción masiva

Cheney presionó a la CIA sobre los arsenales

Bush asegura ante las tropas de EE UU en Qatar que se seguirán buscando las armas de Irak

El vicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney, realizó el pasado año numerosas visitas a la CIA para interesarse por la información disponible sobre armas de destrucción masiva en Irak. La presencia del vicepresidente, altamente inusual, hizo que los analistas del servicio de espionaje se sintieran presionados y en algunos casos creyeran entender que el Gobierno exigía de la CIA unas conclusiones que respaldaran la guerra. El presidente George W. Bush afirmó ayer que las presuntas armas iraquíes seguían siendo buscadas, y prometió que diría "la verdad", aunque no dijo cuándo.

La presión ejercida por Cheney sobre la CIA fue desvelada ayer por The Washington Post. El vicepresidente y su jefe de gabinete, Lewis Libby, asumieron en agosto pasado un papel protagonista en la campaña de acusaciones contra Sadam Husein que desembocó en guerra en marzo de este año. Mientras Cheney y Bush hablaban en sus discursos de la amenaza iraquí, de que Sadam podía disponer de una bomba atómica en poco tiempo, de que almacenaba cantidades industriales de armas químicas y biológicas y de que sus aviones teledirigidos tenían "a Estados Unidos como objetivo", afirmaciones falsas o al menos muy dudosas, el vicepresidente pedía a los analistas de la CIA que avalaran su mensaje belicista. Cheney y Libby "enviaron señales, intencionadas o no, de que esperaban de nuestra parte unas conclusiones determinadas", dijo al Post, bajo condición de anonimato, un alto cargo de la CIA.

El Pentágono, insatisfecho ante las reservas y las dudas de la CIA, creó por su parte un grupo de espionaje propio que, basándose en declaraciones de exiliados y desertores, avaló las posiciones a favor de la guerra del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y del subsecretario, Paul Wolfowitz.

George W. Bush, que ayer sobrevoló Bagdad en su viaje de retorno a Washington, se desentendió durante una breve escala en Qatar de la polémica sobre la veracidad de sus afirmaciones previas a la guerra. "Seguimos buscando [las presuntas armas prohibidas] y revelaremos la verdad", dijo. En una arenga a las tropas estadounidenses estacionadas en Qatar, el presidente habló poco de armas de destrucción masiva, aunque comentó que Irak ya no serviría nunca "como arsenal para terroristas", y se refirió al hallazgo de dos camiones potencialmente utilizables como laboratorios móviles, aunque sin rastro de productos prohibidos, como "prueba" de la veracidad de las afirmaciones de su Gobierno. Bush habló mucho más de la liberación de los iraquíes, el argumento que prefiere esgrimir ahora como justificación de la guerra. "El mundo está descubriendo las fosas comunes y las cámaras de tortura. Gracias a vosotros", dijo a los soldados, "la dignidad de una gran nación ha sido restaurada".

Bush culpó al régimen del desaparecido Sadam Husein de la violencia imperante en Irak, acusando al depuesto presidente de abrir las cárceles en vísperas de la guerra y de soltar a "delincuentes comunes" mientras "el pueblo estaba hambriento y desesperado".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 2003