El Gobierno de Jean-Pierre Raffarin fracasó en el referéndum convocado ayer en Córcega, según los datos definitivos del escrutinio, que reflejan un 50,98% de votos negativos. Aunque el margen es escaso, la derrota golpea a Raffarin, defensor de convertir a Córcega en el territorio de "experimentación" de su proyecto de descentralización de Francia. También afecta severamente al ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, autor del proyecto fracasado y catalizador de la iniciativa. La última carta fue la detención del terrorista más buscado, Yvan Colonna, pero también falló.
Sarkozy pretendía acabar con la violencia en la isla facilitando una buena representación del nacionalismo en la futura Asamblea de Córcega. Anoche tuvo que reconocer la victoria del no y anunció que, pese al carácter consultivo del referéndum, se respetará el resultado. Esto quiere decir que no se constituirá una institución política única en Córcega, como propugnaba el proyecto, y la isla seguirá dividida en dos departamentos y manteniendo la atomización que la caracteriza. Sarkozy anunció prácticamente una ola represiva al decir: "En los próximos meses me ocuparé principalmente de la seguridad y de la paz pública".
Los nacionalistas habían pedido el voto a favor, porque esperaban obtener más representantes en una futura Asamblea elegida por sistema proporcional. El dirigente nacionalista Jean-Guy Talamoni señaló la detención de Yvan Colonna como principal responsable del desastre, y sobre todo el hecho de que Sarkozy hubiera apuntado al arrestado como el asesino del prefecto Claude Erignac en 1998, "sin respetar su derecho a la presunción de inocencia". Otros dirigentes nacionalistas admitieron que este sector político, que estaba dispuesto a votar sí, finalmente no lo ha hecho.
Por poca diferencia de votos, el Ejecutivo de París ha perdido frente a una coalición de descontentos, que va de los comunistas y del Partido Radical de Izquierdas a los soberanistas. Estos últimos temían la existencia de un pacto secreto entre el Gobierno y los nacionalistas corsos; otros (Córcega está llena de clanes), la pérdida de sus parcelas de poder a manos de una institución centralizada, y muchos han dado un palmetazo al Ejecutivo por sus reformas sociales.
El voto de ayer fue "una moción de censura popular al Gobierno", a juicio de la secretaria general del Partido Comunista, Marie George Buffet. La isla cuenta con 28.000 funcionarios en un cuerpo electoral de 191.000 personas, que parecen haber votado masivamente contra el Ejecutivo como un modo de protestar por el alargamiento de la edad de jubilación o el temor a dejar de trabajar para el Estado si sale adelante la descentralización de la enseñanza.
Las dos principales ciudades, Ajaccio y Bastia, votaron mayoritariamente a favor del no (52,2% de votos negativos en la capital, 70,3% en Bastia), aportando así una gran parte de la derrota. "Esto ha sido una lección para toda Francia", proclamó el alcalde de Bastia, Emilio Zuccarelli, ex ministro del Gobierno de Lionel Jospin y persona próxima al también ex ministro Jean-Pierre Chevènement, tradicionalmente opuestos a cualquier cambio en el statu quo de la isla. La derrota alcanza también al Partido Socialista, cuya dirección había pedido -sin hacer apenas campaña- el voto a favor para un proyecto que entendían como una continuidad del intentado por Lionel Jospin. La participación fue muy elevada (60%), comparable a la de la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2002. Y el resultado supone un pequeño 21 de abril, el día en que Lionel Jospin se vio apeado de la carrera por la presidencia de la República a manos del ultraderechista Jean-Marie Le Pen, salvadas todas las distancias entre aquella elección de ámbito nacional y la consulta regional de ayer.
Escrutinio sin precedentes
El escrutinio no tenía precedentes en la historia de la República Francesa. Los electores corsos fueron llamados a pronunciarse a favor o en contra de las "orientaciones propuestas para modificar la organización institucional de la isla". No se trataba de aprobar un estatuto de autonomía ya redactado, sino de valorar la idea de disolver los dos departamentos en que está dividida la isla (Alta Córcega y Córcega del Sur) y concentrar sus poderes en una sola Asamblea territorial. El proyecto queda descartado.
El Gobierno había mezclado la audacia con el miedo. Convocar un referéndum sólo en una pequeña parte del territorio francés es una novedad absoluta, pero insuficiente para parar la violencia. Sarkozy ha viajado ocho veces a la isla en un año, periodo en el que se ha registrado una treintena de atentados, sin que el jefe del Gobierno ni el ministro del Interior exigieran el fin de la violencia antes de convocar o celebrar la consulta. Para los nacionalistas, la aprobación del referéndum habría permitido un paso más en su proyecto hacia la "independencia dentro de Europa". Pero los partidarios del no se niegan a que los corsos sean cobayas de la "descentralización" de la República Francesa, y denuncian el "regalo hecho a los nacionalistas".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de julio de 2003