Amo del estadio como era el Barça, el Sevilla se negó a ser su esclavo en el campo, y de la refriega salió un partido competido y caliente, más propio del invierno que del verano por el humo que desprendía la cancha, con Reyes abriendo la noche y Ronaldinho cerrándola con un golazo para la memoria futbolística.
BARCELONA 1 - SEVILLA 1
Barcelona: Víctor Valdés; Puyol, Andersson, Márquez, Óscar López (Ros, m.83); Xavi, Gerard; Quaresma (Sergio Santamaría, m.79), Ronaldinho, Luis Enrique; y Sergio García (Iniesta, m.90).
Sevilla: Notario; Daniel, Alfaro, J. Navarro, David; Casquero (Ocio, m.86), Martí; Gallardo (Vales, m.73), Baptista (L. Gil, m.67), Reyes; y D. Silva.
Goles: 0-1. M. 9. Víctor Valdés derriba a Darío Silva en el área y Reyes transforma el penalti.
1-1. M. 58. Ronaldinho recibe un balón en el medio del campo y marca de un potente chut.
Árbitro: Megía Dávila. Amonestó a Víctor Valdés, Ronaldinho, Márquez, David, Javi Navarro, Luis Enrique, Daniel Alves y Notario.
80.237 espectadores en el Camp Nou.
El cartel de la jornada era asunto azulgrana, y se cenó y jugó a la hora que ordenó Laporta, mal le pesara a Del Nido. Acabado el gazpacho, sin embargo, el Sevilla procuró que la parranda fuera cuestión andaluza y, entregado a Reyes, se marcó un primer tiempo de olé. Tomó Reyes la pelota, puso un gol de ventaja a las primeras de cambio y dejó a su equipo que lo defendiera como bien sabe, un paisaje que ni pintado para la tragedia de cualquiera que reciba al Sevilla, y más en el caso del Barça. Los azulgrana se calentaron de mala manera, atrapados en su propia carga ambiental, y el Sevilla prendió fuego, alimentando el tono pendenciero del encuentro, fomentando la bronca, presidida por un cuerpo a cuerpo entre los dos entrenadores en mitad del escenario.
La calentura de la hinchada, más militante que nunca, entre reivindicativa y festiva, tan enemiga del rival como entregada a su equipo, contagió a Rijkaard, que ya le dio picante a la alineación con la presencia de Sergio García, un delantero singular que tira buenas diagonales y que el técnico tenía aparcado en el filial más que nada por falta de carrocería. A efectos de talla, al fin y al cabo, no hay gran diferencia entre Sergio y Saviola, y al entrenador le interesaba mantener el dibujo del equipo pese a la ausencia del argentino y de cuantos holandeses están en nómina.
Avivó y mucho Sergio García el ataque, al punto de protagonizar tres ataques consecutivos, presididos por la facilidad para el desmarque y el remate del punta azulgrana. Ya se sabe, en cualquier caso, que al Barça le falta pegada y contundencia tanto en el área contraria como en la propia. A la estéril ofensiva azulgrana respondió el Sevilla con dos contras preciosas de Reyes, que desfiguró a Puyol: en la primera intervino el linier para anular el gol y en la segunda habilitó a Darío Silva para que encarara a Valdés y forzara el penalti y la amonestación, que no la tarjeta roja como reclamó a coro el plantel andaluz.
Reyes en persona certificó su jerarquía en el partido desde el punto de penalti y también en la línea de medios cuando Ronaldinho mereció la tarjeta amarilla por intentar rebanarle la pelota para evitar que armara un nuevo contraataque. El nuevo internacional sevillista chafó la jarana de la hinchada y desmontó al Barça, que anduvo a gatas durante un cuarto, asustado por el descaro de Reyes frente a Puyol, que acabó a tiros con Valdés.
Empequeñecido Puyol, el Barça se desorganizó ante un Sevilla muy bien puesto, dueño del reloj del partido, duro en defensa, rápido en ataque y diligente tanto en el repliegue como en el despliegue. Al rescate del equipo, acudió entonces de forma majestuosa Ronaldinho. Visto que hasta cinco remates de los demás no sumaban un gol, el brasileño cogió la pelota en la divisoria y metió un gol de bandera porque la jugada recogió cuantas cosas buenas tiene Ronaldinho: una gran conducción, una buena velocidad, un regate de mucho cuidado y, cuando conviene, disparo. La pelota botó en el larguero y bajó a la red con el tiempo justo para que la hinchada se desbravara y celebrara el tanto con los honores que merecía.
Para el Sevilla, el gol de Ronaldinho en el segundo acto tuvo el mismo efecto disuasorio que el de Reyes para el Barcelona, de manera que el partido murió en las botas de los azulgrana, faltos de puntería y sobrados de valor ante uno de los peores enemigos. Mereció mejor suerte el Barça por su arrojo y para contentar una afición que a deshora llenó el campo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de septiembre de 2003