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NUEVAS ELECCIONES EN MADRID

El PP estima que el 26-O sólo votará entre el 55% y el 65%

Los populares ven más desmovilización en la izquierda

La repetición de los comicios en la Comunidad de Madrid el 26 de octubre por la crisis desatada debido a la deserción de los diputados Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, que traicionaron al PSOE, tiene en la abstención a su principal enemigo. Hay dos elementos que, en principio, desaniman a la participación ciudadana: son elecciones repetidas debido a una crisis política, la que sufrió la Asamblea de Madrid tras la espantada de Tamayo y Sáez, y se celebran en solitario, cuando en Madrid esos comicios suelen coincidir con las municipales de toda España y las autonómicas de las comunidades de régimen común. Los socialistas admiten que su principal enemigo es la abstención, que estiman que se situará en torno al 40%. En el PP afinan más: calculan que no acudirá a las urnas entre el 35% y el 45% de los ciudadanos con derecho a voto. La máxima abstención en Madrid se produjo en 1991: un 41%.

La participación en las elecciones autonómicas en Madrid ha sido, la mayor parte de las veces, del 70%. Hubo dos excepciones: en 1991 y en 1999. Y, si se cumplen los pronósticos que los estudios demoscópicos y el sentido común dan a los partidos, la tercera excepción será el 26 de octubre, cuando se repitan las elecciones en la Comunidad de Madrid. En las de mayo pasado votó un 69,27% del censo.

Los estudios encargados por el PP predicen una abstención entre el 39% y el 45%. Y en el equipo de campaña de Esperanza Aguirre recuerdan que los encuestados suelen contestar que sí irán a votar, "porque es lo políticamente correcto". Por eso, ven posible que la horquilla de participación esté entre el 55% y el 65%.

En la presentación de Aguirre como candidata del PP, todos los oradores del mitin llamaron a movilizar a la ciudadanía madrileña. Y en eso están, pero con un matiz. Según los estudios sociológicos que maneja el PP, son los votantes de izquierda quienes han quedado más defraudados por la crisis de la Asamblea. Por ejemplo, les preguntaron si veían honesta la actitud de Aguirre estos meses, y diferenciaron a los encuestados entre votantes seguros del PP, fieles a la izquierda y electores que no lo tienen claro. La respuesta mayoritaria en los tres grupos fue que la candidata popular actuó bien.

Con estos elementos, el equipo de campaña de Aguirre pretende "movilizar" al electorado propio "pero sin agredir al de enfrente", no vaya a ser que también se movilice.

Hay un dato que en la dirección nacional del PP esgrimen, en sus análisis internos, para advertir de la conveniencia de "no agredir" en exceso al adversario: los resultados de las elecciones municipales y autonómicas del pasado 25 de mayo fueron mejores para el PP de lo que preveían sus propias encuestas seis meses antes. Una interpretación que puede inducirse de esto es que la protesta contra el Gobierno y el PP por su posición en la crisis y posterior guerra de Irak no sólo no les restó votos sino que movilizó a sus votantes mucho más de lo que los populares preveían meses antes. Lo que sí produjo aquella crisis fue una fortísima ocultación del voto popular, al punto que las encuestas realizadas el 25-M a pie de urna dieron una holgada victoria al PSOE que nunca llegó a ser cierta. Ahora, con menos motivos para ocultar el voto al PP, se trata de no acosar a la izquierda para evitar un rebote simétrico al del 25-M.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de septiembre de 2003