Cuatro desconocidos asesinaron ayer en Bagdad al sargento primero del Ejército del Aire José Antonio Bernal, de 33 años, adscrito al Centro Nacional de Inteligencia y agregado a la Embajada española en la capital iraquí. "Fue asesinado de un tiro en la nuca cuando intentaba huir de sus agresores", dijo el encargado de negocios de la representación española en Bagdad, Eduardo Quesada. Por su parte, la ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, dijo que el sargento primero "abrió la puerta [de su domicilio] al agresor y, por tanto, le conocía". Se trata del primer militar no estadounidense que muere en un atentado de este tipo en Bagdad y del segundo español asesinado en Irak tras la caída del régimen de Husein.
"Iban a por él, quizá porque le conocían personalmente", según el Ministerio de Exteriores
Bernal cayó al suelo. Cuando se levantaba, le descerrajaron un tiro en la nuca
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José Antonio Bernal, casado y con una hija de tres años, residía en el barrio de Al Mansur, una zona residencial donde viven las familias iraquíes más acomodadas y donde se encuentran numerosas representaciones diplomáticas, entre otras la Embajada de España. A las siete de la mañana (seis de la mañana hora peninsular española), un vehículo modelo Opel de color oscuro y matrícula extranjera aparcó frente a la vivienda unifamiliar del militar español. Del coche descendió una persona vestida como un clérigo chií -turbante, túnica y capa fina de color oscuro- y, tras penetrar en el jardín, llamó a la puerta. Aunque Bernal había contratado a un iraquí para vigilar la casa, éste se había marchado una hora antes, por lo que fue el propio sargento primero quien abrió la puerta de su domicilio.
Según varios testigos, el presunto clérigo empujó al militar español hacia el interior de la vivienda, aunque éste pudo reponerse. Al sentirse amenazado, Bernal optó por correr hacia el exterior para alcanzar la Avenida 14 de Ramadán, una importante vía perpendicular a la calle donde vivía el militar por la que circulan numerosos transeúntes desde primera hora de la mañana.
"¡Párate ahí!"
Sin embargo, los tres individuos que se encontraban en el interior del coche en el que llegó el supuesto clérigo salieron corriendo tras el militar, mientras le gritaban "¡párate! ¡párate ahí!", a lo que éste respondía "no, no".
Sus perseguidores realizaron cuatro disparos sin alcanzarle, pero Bernal tropezó y cayó al suelo a unos 30 metros. Cuando intentaba incorporarse, le descerrajaron un tiro en la cabeza, al parecer con una pistola iraquí marca Tarek de calibre 9 milímetros. Los asesinos encañonaron a los viandantes y huyeron en el mismo vehículo en el que llegaron.
Entre los testigos había tres policías iraquíes, que informaron de lo sucedido. Uno de ellos explicó que su función era custodiar la Embajada de Sudán y que desconocían que en la misma calle, de unos 150 metros de longitud y muy tranquila, viviese un "diplomátio español". Tampoco habrían podido hacer gran cosa, ya que carecían de armas y preparación policial.
El cadáver del militar, que en todo momento estuvo acompañado de un representante español, fue trasladado a un depósito que los estadounidenses tienen en el aeropuerto de Bagdad, donde también se depositaron los restos del capitán de navío Manuel Martín-Oar, a la espera de que hoy pueda ser repatriado a España.
La ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, se mostró ayer convencida de que Bernal conocía a sus asesinos. "Hay un indicio que hay que analizar", explicó, "que es que él abre la puerta al agresor". Aludiendo a su condición de agente secreto, la jefa de la diplomacia española agregó a su llegada al aeropuerto de Antalya (Turquía), para participar en el Foro Mediterráneo: "Por la experiencia que tenía, por su trayectoria, hay que pensar que [Bernal] no es alguien que abriría la puerta a cualquiera". La Oficina de Información Diplomática (OID), que inicialmente sugirió que la muerte se había producido como consecuencia de un intento de robo, difundió posteriormente un comunicado en el que subrayaba que el sargento primero era "buen conocedor de la situación [en Bagdad] y mantenía una amplia red de contactos personales", por lo que llevaba "siempre a cabo su trabajo con la precaución y cuidado oportuno".
Si abrió la puerta a uno de sus agresores, según la OID, es porque "pareció reconocer a algunas de las personas que se presentaron en su residencia".
Por su parte, el secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Ramón Gil-Casares, insistió en que el militar "era un profesional en materia de seguridad".
"No sabemos, efectivamente, porqué abrió la puerta con esa facilidad", reconoció, en declaraciones a Radio Nacional. "Los asesinos iban claramente a por él, quizá porque le conocían personalmente o, simplemente, porque era un occidental que sabían donde vivía", agregó.
Aunque Gil-Casares aseguró que la respresentación española en Bagdad cuenta con seguridad suficiente, ayer mismo el encargadado de negocios en Irak, Eduardo Quesada, pidió al administrador estadounidense, Paul Bremer, un refuerzo de la vigilancia. Sólo el propio Quesada cuenta actualmente con protección personal, a cargo de cuatro geos, a los que podrían sumarse otros cuatro en breve.
En cualquier caso, el Gobierno español descartó ayer la posibilidad de evacuar su colonia en la capital iraquí, formada por casi 80 personas. Un total de 29 trabajan en la delegación diplomática, que no tiene el rango de embajada al no existir en Irak un Gobierno internacionalmente reconocido, y otros 22 expertos están adscritos a la Autoridad Provisional de la Coalición dirigida por Estados Unidos.
Además, hay unos 30 residentes no dependientes de la Administración. Al sur de Bagdad, en las provincias de Nayaf y Al Qadisiyah, están desplegados los 1.300 militares la brigada hispano-centroamericana Plus Ultra.
Investigación norteamericana
Horas después del asesinato, dos militares estadounidenses, un oficial y un suboficial, penetraron en la legación diplomática española con el objetivo de hablar con el jefe de la misión, Eduardo Quesada. Entre otras cosas, los estadounidenses querían averiguar "a qué se dedicaba exactamente" el español asesinado.
Un representante español les informó de que "trabajaba en una oficina". El estadounidense insistió en los detalles, pero obtuvo la misma respuesta en al menos tres ocasiones. "No nos vamos a ir de aquí hasta que no averigüemos qué es lo que hacía", amenazó el oficial, mientras el suboficial, nacido en México, ordenaba a algunos periodistas que abandonaran la embajada "por orden del embajador", a lo que éstos se negaron alegando su condición de ciudadanos españoles en territorio español y, por tanto, su exención de obedecer órdenes de estadounidenses. La diplomática intervención de un geo solucionó ambos desencuentros y los militares estadounidenses abandonaron la embajada.
José Antonio Bernal, de 34 años, casado y con una hija, llevaba dos años destinado en Irak, y sólo le quedaba un año para abandonar dicho destino. Junto a otro oficial del CNI, Alberto Martínez, fue el primer español que llegó a la embajada en Bagdad tras la caída del régimen de Sadam Husein, hecho del que ayer se cumplieron seis meses. La ejecución de su asesinato parece descartar que se trate de un acto de delincuencia común y más bien apunta a un móvil político. Bernal poseía un arma reglamentaria, que no llevaba en el momento de abrir la puerta de su casa.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de octubre de 2003