La pertenencia de José Antonio Bernal al centro de inteligencia español CNI (Centro Nacional de Inteligencia) era conocida por los servicios secretos de Sadam Husein, muchos de cuyos miembros se han incorporado a los grupos armados de resistencia en Irak. Fuentes gubernamentales se mostraron ayer convencidas de que Bernal fue víctima de un atentado terrorista cuyos autores lo eligieron como objetivo en función del trabajo que realizaba en Bagdad. José Antonio Bernal, que llevaba dos años en Irak, era el auxiliar del agregado titular del CNI en la representación diplomática española.
"Es el primer atentado contra un español en el que efectivamente han ido a por él"
La noticia del asesinato del sargento primero causó conmoción en la sede central del CNI
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Como agente auxiliar, el sargento primero era el responsable de transmisiones de la célula del CNI en Bagdad, que utiliza sus propios sistemas cifrados de comunicación, independientes de los de la embajada.
Además, se ocupaba de apoyar a su jefe directo, un oficial del Ejército, en la recopilación de información. Para ello, mantenía contactos con numerosos sectores de la sociedad iraquí, por lo que las fuentes consultadas no se extrañaron de que conociera personalmente a sus asesinos.
El hecho de que el iraquí contratado para vigilar la casa se marchara una hora antes del atentado avalaría, según las mismas fuentes, la hipótesis de que éste fue minuciosamente planeado.
Bernal llegó a Bagdad hace dos años como representante del entonces servicio secreto Cesid, luego rebautizado como CNI, y estaba acreditado oficialmente ante sus homólogos del régimen de Sadam Husein.
En febrero pasado, cuando se hizo evidente que la invasión de Irak no tenía marcha atrás, el director del CNI, Jorge Dezcallar, ordenó la evacuación de Bernal y su superior, Alberto Martínez, junto al resto del personal de la Embajada de España en Bagdad, al contrario de lo ocurrido en 1991, cuando el servicio secreto mantuvo su presencia en Irak durante todo el conflicto.
Los dos agentes pasaron toda la guerra en Amán (Jordania), pero fueron los primeros en regresar a Bagdad, tras la entrada de las tropas de EE UU, para comprobar el estado de la legación diplomática y preparar la llegada del personal español.
Fuentes próximas a los servicios de inteligencia admitieron ayer que el hecho de que su pertenencia al Centro Nacional de Inteligencia fuera conocida por miembros de los servicios secretos del antiguo régimen constituía un factor de riesgo añadido, pero agregaron que su experiencia en la zona compensaba esta desventaja y que, dada la escasa relevancia de su puesto en la representación española, no se le consideraba objetivo preferente de un posible atentado terrorista.
A diferencia del capitán de navío Martín-Oar, muerto en el atentado contra la sede de Naciones Unidas en Bagdad, Bernal representaba al Estado español y no al Gobierno de ocupación, por lo que el ataque constituye un "salto cualitativo", en palabras del secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Ramón Gil-Casares. "Es el primer acto terrorista contra un ciudadano español en el que efectivamente han ido a por él", destacó ayer Gil-Casares.
El pasado 20 de mayo, Bernal y Martínez se vieron envueltos en un incidente con las tropas estadounidenses cuando éstas les detuvieron en un control en las calles de Bagdad y les encañonaron tras encontrar dos pistolas en el interior de su vehículo, a pesar de que los dos agentes españoles disponían de pasaporte diplomático y permiso para llevar armas. Ayer, sorprendido en su domicilio, el sargento primero no tuvo ocasión de utilizarlas para defenderse.
Tras la decisión del Gobierno de enviar un contingente de 1.300 soldados a Irak, el Ministerio de Defensa ordenó al Centro Nacional de Inteligencia que reforzara su despliegue en Irak para prevenir posibles amenazas contra los militares españoles. El jefe directo de Bernal, Alberto Martínez, se trasladó a las provincias de Al Qadisiyah y Nayaf, zona de responsabilidad de la brigada hispano-centroamericana, y fue sustituido por otro oficial en Bagdad.
La noticia del asesinato de Bernal causó conmoción en el servicio secreto, que cuenta con poco más de 2.000 funcionarios y un presupuesto de 162 millones de euros para el próximo año.
El secretario de Estado del CNI, Jorge Dezcallar, que se encontraba fuera de España en una reunión con responsables de otros servicios, emprendió inmediatamente el regreso a Madrid, mientras la secretaria general y número dos del centro, María Dolores Vilanova, se preparaba para viajar a Bagdad.
Anoche estaba previsto que saliera desde Torrejón de Ardoz (Madrid) un Boeing 707 de la Fuerza Aérea con el objetivo de repatriar de inmediato el cadáver. A bordo iban, además de Vilanova, el padre del sargento primero asesinado, el capitán retirado del Ejército del Aire José Antonio Bernal.
Se espera que el B-707 esté de vuelta en Madrid a primera hora de esta tarde, tras una escala en Turquía, y que posteriormente se celebre un funeral en la propia base aérea madrileña.
Ayer tarde, durante la ceremonia de entrega al Ejército del Aire del primer avión Eurofighter, que presidió el Rey en las instalaciones de la empresa aeronáutica EADS-CASA en Getafe (Madrid), el jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, Eduardo González-Gallarza, dedicó un homenaje a José Antonio Bernal y trasladó su "fraternidad" y "afectuoso recuerdo" a la familia del militar asesinado.
Al acto acudió la cúpula militar y el secretario de Estado de Defensa, Fernando Díez Moreno, comisionado del Gobierno para Irak.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de octubre de 2003