La Casa Blanca ha intentado restar importancia al descontento que ha mostrado públicamente el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, por no haber sido informado de la reorganización de las tareas de reconstrucción de Irak. En un extraño reconocimiento de desavenencias en el seno del Gobierno de Estados Unidos, Rumsfeld insiste en que la creación del Grupo de Estabilización Iraquí, con sede en la Casa Blanca, no cambia el reparto actual de poder, no resta protagonismo a su departamento y no supone una velada censura a la falta de preparación de la posguerra.
El lunes pasado, la Casa Blanca confirmó la creación del llamado Grupo de Estabilización Iraquí, un ente institucional que centra en la Casa Blanca los esfuerzos de la reconstrucción en ese país. Dirigido personalmente por Condoleezza Rice, consejera de Seguridad Nacional, el nuevo organismo pretende dar a la presidencia de EE UU un protagonismo absoluto en la gestión de la posguerra.
No por casualidad, la decisión coincide con los peores datos de valoración en las encuestas de opinión pública, que reflejan una creciente pérdida de la confianza en la capacidad internacional del presidente George W. Bush. La reorganización también se interpreta como una maniobra para restar poder al Pentágono en las tareas de reconstrucción.
Rice decidió comunicar la creación del nuevo organismo a través de informes a los despachos afectados (entre ellos, los de Colin Powell y Donald Rumsfeld) y, al mismo tiempo, facilitó al diario The New York Times los detalles de la reorganización.
La polémica surgió un día después en una entrevista que Rumsfeld concedió al Financial Times y a otros tres medios europeos, entre ellos la agencia Efe. El jefe del Pentágono se cuestionaba en primer lugar la decisión de Rice de explicar la reorganización en el diario neoyorquino: "Dio la entrevista, dijo lo que quiso decir, pero de la lectura del informe entiendo que básicamente las responsabilidades del Consejo Nacional de Seguridad son las que siempre han sido".
Dado que, según Rumsfeld, nada cambia, "no tengo claro por qué Rice envió un informe sobre el tema", aseguró. Cuando un periodista alemán le preguntó si tenía alguna teoría al respecto, Rumsfeld echó mano de su legendaria mala educación: "Le he dicho que no lo sé. ¿No está claro? ¿No entiende el inglés?".
Rumsfeld aseguraba también que "ni siquiera sabía" que el informe lo había escrito Rice. En una rueda de prensa posterior, dijo que no estaba "en absoluto" molesto por el informe y sugirió que ni siquiera lo había leído porque se había debatido a un nivel inferior al suyo.
El lunes, el portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan, había asegurado que Rumsfeld había estado plenamente involucrado en la decisión de crear el Grupo de Estabilización Iraquí en el Consejo Nacional de Seguridad. El miércoles, McClellan reconoció que "quizá no debería haber expresado así" el grado de participación de Rumsfeld en esa decisión.
Fuentes del Gobierno de EE UU citadas por The New York Times aseguran que Rumsfeld y Rice sí hablaron expresamente sobre el tema en los días anteriores al anuncio, pero el secretario de Defensa parece enfadado por la manera en la que se ha hecho público. Los argumentos de Rice parecían sugerir que el Pentágono es incapaz de coordinar su trabajo con el de otros organismos del Gobierno, entre ellos el Departamento de Estado y el del Tesoro.
Las desavenencias pueden tener una resonancia mucho más profunda. Es extremadamente dañino para la Casa Blanca que Rumsfeld hable del Grupo de Estabilización de Irak como una "mera reorganización democrática" en un momento en el que Bush presenta al Capitolio la creación de este organismo como una demostración de que el dinero que pide, 87.000 millones de dólares, se va a gastar de manera organizada. Al mismo tiempo, los estrategas políticos de la Casa Blanca han diseñado una campaña de relaciones públicas para tratar de frenar el creciente descontento que reflejan los sondeos. Ayer, tanto el presidente como el vicepresidente, Dick Cheney, tenían discursos programados.
El peligro del terrorismo "no ha pasado", dijo Bush, para insistir en que Sadam Husein tenía programas de armas biológicas y químicas y para recordar a sus electores potenciales que "las lecciones del 11-S no deben olvidarse". El discurso, en un acuartelamiento militar de New Hampshire, contó con la presencia de un grupo de manifestantes con carteles de "Bush, mentiroso", aunque los agentes del Servicio Secreto mantuvieron las protestas alejadas de la concentración.
Al presidente se le ha diseñado también una agenda plagada de comparecencias públicas en decenas de Estados. La estrategia se completa con una especie de "manual" que han recibido los congresistas y senadores republicanos para aprender a responder preguntas comprometidas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de octubre de 2003