El candidato socialista, Rafael Simancas, encaró la repetición de las elecciones autonómicas en Madrid con declaraciones públicas de optimismo casi diarias, que contrastaban con la gran inquietud de algunos de sus colaboradores por el previsible castigo de los electores al PSOE en particular por haber llevado en sus listas a dos traidores, y a los partidos políticos en general con una abstención que todos intentaron frenar hasta última hora y que todos los análisis coincidían en que dañaría especialmente a la izquierda. Pero ni la abstención fue ayer histórica ni la derrota de los socialistas tan grave como pronosticaban los más agoreros.
Con 29 años Rafael Simancas entró en el Ayuntamiento de Madrid (1995) para hacer la oposición a un gobierno del Partido Popular. Se encargó del área de Cultura y Educación, un asunto menor en la política municipal de Madrid. A ese empeño dedicó su tarea, y protagonizó numerosas campañas de denuncia sobre problemas educativos de la ciudad y supuestos desmanes en la administración del dinero dedicado a Cultura. Repitió como concejal en 1999 y se enfrascó en destapar escándalos del PP que adquirieron gran relieve.
Junto a la entonces concejal Ruth Porta, que ahora le acompaña en la aventura autonómica, investigó la cuenta restringida del entonces alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano, y denunció el mal uso que el regidor hizo del dinero público.
La denuncia resultó cierta y Álvarez del Manzano fue condenado por el Tribunal de Cuentas a devolver lo malgastado. Y denunció las anomalías en la gestión del concejal de Obras, Enrique Villoria, que acabó dimitiendo.
Y mientras trabajaba en desgastar al PP, fue capaz de reunir a un grupo de socialistas con influencia que le apoyó para secretario general de la Federación Socialista Madrileña (FSM). Logró lo que nadie había podido hasta entonces desde hace muchos años, que guerristas y renovadores (una parte) se entendieran para encargarle la dirección de un partido históricamente dividido en Madrid.
Gobernó la FSM con suficiente mano izquierda como para que la paz se mantuviera durante tres años en una casa habituada a las guerras. Y se presentó a las elecciones autonómicas con 37 años. Logró los mejores resultados del PSOE desde 1983 y arrebató al PP una mayoría absoluta que le había permitido gobernar durante los últimos ocho años.
Su gozo de ser presidente de la Comunidad de Madrid se frustró por culpa de dos diputados, Eduardo Tamayo (número 13 de la lista) y María Teresa Sáez (46), que habían entrado en la candidatura como consecuencia de la política de integración que aplicó Simancas a su etapa al frente de la FSM.
En octubre de 2000 ganó el congreso con el 54% de los votos y pudo hacer una ejecutiva a su imagen y semejanza. Pero optó por la integración de todas las familias, incluyendo a los perdedores.
Esa integración la llevó también a la confección de las listas, donde entraron los dos tránsfugas que le arrebataron la gloria de gobernar la Comunidad de Madrid y ayer le restaron 6.000 votos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de octubre de 2003