Ha seducido en Valladolid con su verbo justo y sus elogios a la noche. Además ha traído grandes noticias a este Congreso Internacional de la Lengua dedicado a la Poesía necesaria, como reza el título de esta edición, porque José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1928), autor de letra justa y poco compulsiva, que ha escrito cinco novelas en toda su vida y poco más de diez libros de poesía, dice que ahora está creando más versos que nunca, algunos de los cuales aparecerán en enero con su obra poética completa en un tomo titulado Somos el tiempo que nos queda. "Vuelvo a los versos por la necesidad de rebelarme y escribir contra algo", dice.
Pregunta. Coinciden muchos de ustedes, los poetas, en que la poesía debe ser un esfuerzo lingüístico. ¿Y qué más?
Respuesta. Es que hay que incidir en eso, sobre todo ahora: en la capacidad indagatoria de la poesía, en no abandonar el espíritu de aventura. Porque la gente dimite de ese esfuerzo lingüístico, sobre todo los jóvenes, que van demasiado hacia lo explícito, lo figurativo, lo descriptivo.
P. Es decir, que la poesía debe venir de la abstracción.
R. La poesía debe ocupar más espacio que el texto; si no, se queda en nada, en relato banal. Y repito lo de los jóvenes. Creo que les viene de las prisas, que son nefastas. Hay que corregir, tirar, andar de noche, vagar, tomar copas para descubrir todas esas cosas que desconocemos o nos inquietan y, si no, dedicarse a otra cosa.
P. No siempre se tienen cosas fundamentales que decir. Usted, que ha publicado poco, ¿cree que hay exceso de verborrea?
R. No siempre todo lo que se escribe merece la pena. No es obligatorio hacerlo. La poesía es un estado de ánimo, una síntesis de la prosa; si no llega, pues hay que dejarlo. Vale para todo esto que digo. Yo he escrito dos tomos de memorias. Llegan hasta la muerte de Franco, después no encuentro nada interesante. Ya he vivido bastante, he perdido muchas guerras.
P. ¿Ni siquiera encuentra cosas que decir en la poesía?
R. No; en poesía, no. Escribo más que nunca; por rabia, contra este mundo de violencia, de muerte, en el que se inventan palabras espantosas: daños colaterales, ataques preventivos. Todo significa lo mismo. Por eso es el momento de escribir poesía como contraofensiva, me siento estimulado a escribir contra algo y porque veo que regresa esa mediocridad que vivimos en el franquismo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de noviembre de 2003