El gran partido, la gran final de hoy y mañana en Bruselas, se juega en medio de una inusitada expectación que ha puesto en vilo a todas las capitales europeas y a sus líderes. Son éstos los equipos que se enfrentan, con sus correspondientes aliados y las primeras filas de espectadores:
- París-Berlín y aliados. Juegan con ventaja, en casa y siempre al ataque. Bajo la estrategia del eje franco-alemán, con el canciller Gerhard Schröder como capitán, son los seis fundadores de la Unión Europea (Francia, Alemania, Italia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo) los que imponen el juego. Los seis países amenazan con irse por su cuenta, como avanzadilla europea, si la primera Constitución para Europa queda bloqueada. El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, afronta la última oportunidad para salvar su estridente presidencia semestral de la Unión.
- Madrid-Varsovia-Londres. Juegan con complejo de inferioridad, a la defensiva. Como contrapeso al eje París-Berlín, es la única alianza posible capaz de poner coto al rodillo franco-alemán. El primer ministro británico, Tony Blair, llega con todas sus líneas rojas respetadas, con las manos libres y como solitario valedor de España y Polonia, sus aliados en la crisis de Irak. Pero Blair no descuida el otro frente: ha pactado con el canciller alemán, Gerhard Schröder, y el presidente francés, Jacques Chirac, las claves de la futura Europa de la Defensa.
- Los candidatos. Son los espectadores de la grada Este. Salvo Polonia, mandan poco. Simpatizan con el dúo Madrid-Varsovia, pero no osarán plantar cara a los fuertes de Berlín y París. Los diez aspirantes a la integración no entrarán en el club hasta el próximo mes de mayo, pero participan en el partido de Bruselas con voz, voto y derecho a veto. Pero todas sus aspiraciones se resumen en una: tener "su" comisario europeo. Lograda esta meta, no pondrán objeción alguna a lo que digan los grandes.
- Los pequeños del norte y el sur. Observan el partido desde los fondos norte y sur, pero como socios educados, sin mojarse, salvo para reclamar algún penalti a favor de sus muy particulares intereses. A la larga, acabarán siendo el grupo más numeroso cuando se incorporen los nuevos socios, pero siempre serán débiles, porque tienen poca población, están divididos (véase el caso del Benelux) y sostienen intereses diferentes y hasta opuestos (Suecia y Grecia, por ejemplo). Los únicos subgrupos homogéneos son los que forman los países neutrales (Suecia, Finlandia, Austria e Irlanda) y los nórdicos (Suecia, Finlandia y Dinamarca). Grecia y Portugal, grandes receptores de ayudas europeas, van por libre y prefieren no complicarse la vida con nadie.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de diciembre de 2003