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El Ejército iraquí sufre la deserción de casi la mitad de sus soldados

Un coche bomba causa la muerte de un soldado de EE UU en Ramadi

La acelerada construcción de las nuevas instituciones iraquíes, que debe culminar en junio próximo con la devolución de la soberanía y el fin de la ocupación, sufrió ayer un duro golpe. Un portavoz de la Autoridad Provisional de la Coalición (ACP) tuvo que admitir que 300 de los 700 miembros del primer batallón del nuevo Ejército iraquí "han dimitido o no se han presentado".

Aunque intentó reducir el problema a un conflicto laboral -"no estaban satisfechos con las condiciones [de trabajo] y no obedecieron las instrucciones de sus superiores", dijo- tiene mayor calado.

En las últimas semanas se ha discutido el destino de este primer batallón, que actualmente se encuentra en una base al norte de Bagdad realizando patrullas conjuntas con las tropas de EE UU como entrenamiento. Al final se decidió desplegarlo en la zona de Kirkuk y atribuirle la custodia de las instalaciones petroleras, objeto de frecuentes sabotajes por parte de la resistencia.

Inicialmente se pretendía que el nuevo Ejército iraquí se dedicase en exclusiva a la defensa exterior, manteniéndolo al margen de la política interna, en la que estuvo plenamente involucrado bajo el régimen de Sadam Hussein. Sin embargo, la decisión tomada de que los militares se ocupen de tareas de orden público, según las fuentes consultadas, habría pesado más en el abandono masivo que la insuficiencia del sueldo. Los militares iraquíes ganan entre 50 y 180 dólares al mes. El proyecto de Nuevo Ejército Iraquí (NIA) prevé la creación de 27 batallones, agrupados en nueve brigadas y tres divisiones, con un total de 40.000 efectivos. Además del primer batallón, que debía estar operativo antes de acabar el año, se ha iniciado ya el periodo de formación del segundo (con 880 soldados) y en las próximas semanas iba a ponerse en marcha el reclutamiento del tercero.

Las acciones de la resistencia se repitieron ayer con la explosión de un coche bomba alrededor de las 13.30 (11.30 hora peninsular española) en lo que aparentemente fue un ataque suicida contra una base de la 82ª División Aerotransportada del Ejército de EE UU en Ramadi, una ciudad situada a 100 kilómetros al oeste de Bagdad, según fuentes estadounidenses. Un soldado y los tres supuestos agresores murieron. También hubo varios uniformados heridos. No obstante, el incidente era anoche confuso. Una portavoz militar señaló que existían dudas sobre la condición de las tres personas que viajaban en el vehículo. Lo más habitual es que estos ataques sean ejecutados por una sola persona.

Ramadi es uno de los vértices del denominado triángulo suní, región en la que se han producido varios de los atentados más graves contra los soldados estadounidenses. Desde el 1 de mayo, cuando el presidente Bush, decidiera el fin de las operaciones de guerra, 195 uniformados han muerto en Irak.

Ya de madrugada, varias explosiones sacudieron el centro de Bagdad, en las cercanías del cuartel general de EE UU, sin que se informara sobre posibles víctimas. Por otra parte, un portavoz militar señaló que dos periodistas de la revista Time -el fotógrafo James Nachtwey y Michael Weisskopf- resultaron heridos por la explosión de una granada cuando acompañaban a un convoy con tropas de EE UU en Bagdad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de diciembre de 2003