Lo mejor del fútbol se vio ayer en el Bernabéu, donde se libró un partidazo sin tregua, de mano cambiante, con un arranque espectacular del Depor y la respuesta inmediata del Madrid, que tiró con todo y encontró a Zidane en estado puro. Su control en la jugada del primer tanto tuvo rango de proeza, culminada por Ronaldo en el segundo palo, donde habitan los goleadores de ley. Raúl, por ejemplo. Cuando el partido entraba en su última hora, después de la excelente reacción del Depor, Raúl apareció con su astucia habitual y el instinto de siempre para marcar el gol de la victoria, con todo lo que eso significa cuando se miden estos dos equipos, destinados a combatir por el título hasta el último día. Detrás quedó la memorable actuación de Molina, el indesmayable despliegue de Sergio, la recuperación de Roberto Carlos como arma letal, el poderío de Luque en el arranque del encuentro, la vibración de los partidos grandes.
REAL MADRID 2 - DEPORTIVO 1
Real Madrid: Casillas; Salgado, Pavón, Raúl Bravo, Roberto Carlos; Beckham, Helguera; Figo (Miñambres, m. 46), Raúl, Zidane; y Ronaldo (Solari, m. 87).
Deportivo: Molina; Manuel Pablo (Víctor, m. 60), Naybet, Andrade, Capdevila; Sergio, Duscher; Scaloni, Valerón, Luque (Munitis, m. 82); y Tristán (Pandiani, m. 63).
Goles: 1-0. M. 45. Ronaldo marca desde cerca tras recibir un pase de la muerte de Zidane.
1-1. M. 64. Pandiani, solo y por bajo.
2-1. M. 85. Raúl remata con el muslo dentro del área pequeña.
Árbitro: Rodríguez Santiago. Amonestó a Manuel Pablo, Pandiani, Scaloni, Andrade y Beckham.
Unos 78.000 espectadores en el Bernabéu.
Se ha convertido en un clásico este duelo que una vez no existió. El honor le corresponde al Depor, que en los últimos diez años se ha convertido en una referencia indiscutible del fútbol español. El Madrid lo es desde siempre. Si necesita de adversarios que le prueben de verdad, ahí tiene al Depor desde hace tiempo. Cada duelo entre estos dos equipos suele derivar en un homenaje a la esencia del fútbol: pujanza, determinación y clase. La belleza, en fin. Nuevamente salió así el partido, desde el primer instante, con un par de arrancadas de Luque que anunciaron las intenciones del Depor, un equipo que ha visto mucho mundo. Cualquiera que haya ganado en San Siro, Old Trafford o Highbury se siente con derecho a hacer lo mismo en el Bernabéu, con todas las dificultades que entraña, porque el Madrid saca lo mejor de su repertorio cuando se siente exigido por sus pares. Entre ellos, sin duda, figura el Deportivo.
A la magnífica puesta en escena del equipo gallego respondió el Madrid con su actuación más brillante de la temporada. Como tuvo un rival más que notable, atravesó por momentos difíciles, más que nada en el segundo tiempo. El Depor empujó al Madrid contra su área y no paró hasta que Pandiani anotó el gol del empate. Era su primera intervención en el partido. Había sustituido a Tristán, el futbolista más decepcionante del encuentro. Y como suele suceder con los cambios que ordena Irureta, que parece que tiene pálpito para la cosa, Pandiani dio la razón a su entrenador inmediatamente. Allí alcanzó el Depor la cima de su juego y desde ese momento comenzó uno de los tres o cuatro partidos que se libraron por turnos en el Bernabéu. Renació el Madrid y comenzó el asaltó final, con llegadas aparatosas de Ronaldo y Zidane, con toda la caballería en acción y el público entregado como no es normal en una hinchada con merecida fama de severa. Fue en la tromba final cuando llegó el tanto de Raúl, uno de los cuatro grandes protagonistas, junto a Zidane, Molina y Sergio.
Raúl selló la victoria que bien pudo producirse en el primer tiempo, pues el Madrid llegó a rematar en ocho ocasiones, y no fueron remates cualquiera. Por allí apareció Molina para desactivar un mano a mano con Ronaldo, y un violento disparo de Roberto Carlos, y una media vuelta de Raúl, y un tiro largo de Figo. El Madrid funcionaba como la seda, bien armado para atacar y razonablemente unido para defenderse. Helguera jugó con gran autoridad en el primer tiempo y Beckham desplegó la clase de energía que le ha hecho un favorito de la gente. Tampoco le faltaron tres o cuatro pases de bandera. El Depor, acaudillado por Sergio, resistió con empaque y momentos de buen juego, pero el partido estaba para una gloriosa pincelada de Zidane, que se sacó el control del año, una especie de retruque con el empeine, seguido por una semiespuela que tuvo la virtud de acabar con la resistencia de Manuel Pablo. Su elegante cabalgada y el pase al segundo palo, donde surgió Ronaldo, dijeron el resto.
Quizá fue la primera parte la más vistosa de un partido que fue mucho más que vistoso. Fue un partido de intrépidos, capaces de responder a los momentos más crudos del desafío con clase y generosidad. No se explica de otra manera la contestación del Depor en el segundo tiempo, en medio del nervioso silencio en el estadio, y la poderosa carga final del Madrid, que no tenía fácil salir del atasco. Enfrente tenía un equipo firme y listo que le tenía aculado en su campo, pero los recursos del Madrid son excepcionales. Tuvo además madera de competidor. De la categoría de sus jugadores y la necesidad de vencer nació el gol de la victoria, iniciado en un pase extraordinario de Beckham, continuado por el perfecto centro de Roberto Carlos y terminado por Raúl, como corresponde.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de diciembre de 2003