Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
FÚTBOL | Decimosexta jornada de Liga

"Otro argentino al que no le gusto"

Beckham se enzarza en una trifulca con Scaloni y recibe la quinta tarjeta amarilla

"Antes del partido no sabía que Scaloni era argentino", comentó Beckham, y sus labios describieron una enorme sonrisa brillante; "ahora ya sé que es otro argentino al que no le gusto".

Los contendientes evocaban la lucha de clases. Dos clases de futbolistas. Uno, inglés y mediático. El otro, argentino y tribunero, en la jerga bonaerense. Más allá de la calidad técnica, la diferencia conceptual es del orden socioeconómico. Scaloni, que salió del vestuario como un señor de clase media en su paseo dominguero, gana un sueldo treinta veces menor que el de su oponente. Por su forma adolescente de vestirse nadie diría que Beckham gana unos quince millones de euros al año, de no ser porque luce dos diamantes river tallados como cubos de un centímetro por cara clavados en los lóbulos. Dijo: "Ha habido un choque entre yo y el otro [Scaloni], y no puedo decir lo que pasó exactamente. El partido pasaba por un momento muy tenso y en ese ambiente ocurren este tipo de cosas. El árbitro nos dijo que nos diéramos la mano pero él no quiso. Yo, por mi parte, no habría tenido problemas".

El partido declinaba y el Depor buscaba el empate cuando Scaloni empujó a Beckham para robarle el balón, y el inglés respondió con una patada. La pugna se prolongó en el suelo. Hubo puñetazos perdidos y el árbitro les mostró la tarjeta amarilla a ambos -la quinta del británico-. De pronto, Beckham volvía a tener problemas con un argentino: Simeone en 1998, le expulsó del Mundial de Francia; Duscher en 2002, le fracturó un pie y por poco le deja sin jugar el Mundial de Corea y Japón; y ayer, Scaloni, sin mayores consecuencias.

Lionel Scaloni se fue del Bernabéu con la camiseta de su ex compañero Cambiasso bajo el brazo. Se explicó a un micrófono de Radio Nacional: "Me ofreció la mano y no se la di porque fue un gesto falso. Luego, mientras nos íbamos al área del Madrid, a rematar la falta, me miró y se tocó los genitales. ¿Qué tengo que pensar de eso?".

Al terminar el partido Beckham buscó a Scaloni y le hizo un ademán desafiante. El argentino le respondió y se enfrentaron: literalmente, chocaron frente contra frente y empujaron. Las manos cogidas a la espalda, parietal contra parietal, ambos jugadores recordaban al rito de las cabras cuando pelean por la hembra. El vencedor indiscutible fue Beckham, que utilizó el episodio para cargarse de gloria ante los graderíos del Bernabéu. Una vez que sus compañeros y los colegas de Scaloni acudieron a separarlos, el inglés elevó los brazos y aplaudió recorriendo con la mirada las tribunas del gallinero. La gente le respondió como era predecible. Con una ovación: "¡Beeeeckham, Beeeechkam...!".

En la puerta de vestuarios, Scaloni habló con amargura del sambenito que cargó su compatriota y compañero del Depor tras fracturar a Beckham: "A mí Beckham me parece un jugador normal. Lo que me ha parecido injusto es que se calificara a Duscher de cazajugadores por un lance en un partido. Aldo [Duscher] estuvo tres meses bajo de moral después de aquél incidente".

El propio Duscher se volvió a enfrentar a Beckham, ayer, por la supremacía en el medio campo. Esta vez hubo hasta cumplidos. El argentino le pidió la camiseta al inglés, a 20 minutos del final, pero el inglés se la negó. "No se la di porque se la había prometido a un niño", argumentó Beckham.

Duscher opinó que el Depor "controló el partido porque tuvo la pelota". Scaloni, por su parte, se marchó con cara de resignación: "Nos ha pasado lo mismo que el año pasado, cuando perdimos 2-0, pero no voy a hablar de injusticia".

Queiroz elogia a Raúl y a Molina

Dijo el técnico del Madrid, Carlos Queiroz, que había anunciado que Raúl marcaría. Y ayer, Raúl marcó cuando más difícil parecía. El capitán hizo un gol ante un portero en vena, Molina, que antes le sacó un tiro a él, tapó a Zidane en un mano a mano y paró dos disparos a Ronaldo, un delantero con fama de infalible en los mano a mano.

Molina se marchó del Bernabéu entre feliz y fatalista. Dijo: "He parado mucho pero hemos perdido otra vez".

"Era muy importante para nosotros el trabajo de Raúl", dijo Queiroz. "Hemos visto un Raúl fantástico. Ha marcado un gol y ha jugado francamente bien. Creo que lo ha ayudado el trabajo específico que hemos hecho esta semana. Y cuando Raúl está bien siempre está cerca de marcar

".

Queiroz consideró que tras el 1-0 el Madrid "sufrió de manera innecesaria". Luego tuvo en cuenta a Molina, a quien señaló como primer responsable de ese sufrimiento: "Hemos jugado muy bien pero nos hemos encontrado con un portero que no nos encontraremos todos los días".

Helguera no se quedó atrás en los elogios al guardameta: "Ha sido un muy buen partido. Podría haber habido más goles pero creo que Molina ha estado impresionante".

A la hora de ponderar su obra, el control del pase de Helguera en el primer gol del Madrid, Zidane habló con su humildad exagerada. "¡Háblenos de su magnífico control!", lo invitó Radio Montecarlo. "Sí, ha sido un control", dijo Zidane, como avergonzado. "Un control y nada más, después de un gran pase de Helguera... Y el gol ha sido un gran gol de Ronaldo. Un gol muy bonito".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de diciembre de 2003

Más información