Ha dado sus ojos claros y vivos para denunciar el maltrato a las mujeres, la violencia, la humillación que no sale de las cocinas y los dormitorios. El sábado por la noche, Icíar Bollaín entregó de nuevo esos ojos de niña pilla y luchadora, a la que no le gusta que le pisoteen sus derechos, para reivindicar algo que es básico, pero, al parecer, no para todos: la libertad de expresión. Ella fue de las pocas que mostraron públicamente su solidaridad en la gala con su compañero Julio Medem. Pero, sobre todo, vio cómo la ley del talión se daba la vuelta en la ceremonia de los premios Goya del sábado, desaparecía y la venganza y el castigo del ojo por ojo que sufren tantas de las mujeres maltratadas se convertían en reconocimiento de su dolor al llevarse siete galardones, siete "cabezones" -como diría Yvonne Blake, que ganó el mejor vestuario por Carmen- para su película Te doy mis ojos, auténtica triunfadora de una noche tensa.
"La próxima película la afrontaré con el mismo miedo que las otras tres"
"Por primera vez, las mujeres nos vestimos para recoger premios, no para entregarlos"
"Muchos han mostrado su apoyo a Julio Medem fuera del escenario"
Uno y medio, parte del guión, hecho al alimón con Alicia Luna y la dirección, fueron para ella, para esta mujer que vino de aquel Sur pelado y congelado que creó Víctor Erice y en el que Bollaín era la niña protagonista que vislumbraba tantas cosas en los silencios obligados a palos de la posguerra y que hoy presentan todavía sus resquicios.
Te doy mis ojos es su tercera película como directora, después de Hola, ¿estás sola? y Flores de otro mundo, dos obras en las que Bollaín había mostrado una sensibilidad, una piel especial para los problemas sociales con el desconcierto de dos jóvenes perdidas y buscadoras en la primera y con la soledad de un grupo de caribeñas en un pueblo frío de Guadalajara, a donde acudieron en busca de un futuro mejor, en la segunda. "La próxima la afrontaré con el mismo miedo de siempre", asegura cargada de razón y de vergüenza torera al tiempo Bollaín, que anuncia que afrontará un cambio importante de género: "Será un drama familiar con ciencia ficción que he empezado a escribir con Joaquín Jordà, pero que no tiene título todavía", anuncia la cineasta.
Mientras, en el mundo de hoy, el sábado por la noche, esta muchacha-mujer pelirroja parecía más que satisfecha: "Estoy levitando, superada, esto es mucho más de lo que habíamos soñado nunca", decía después de haber recogido una cosecha en la que también se incluían los racimos jugosos de Luis Tosar y Laia Marull, como actores protagonistas de su filme y autores de un duelo de miedos y guerra fascinante en el cine español de este año: "El de Laia me lo esperaba, pero con Luis tenía más dudas. No sé por qué, quizás por los competidores, por Javier Cámara y Alfredo Landa, sobre todo", asegura.
También recogieron premios para Te doy mis ojos Candela Peña, la hermana que trata de abrírselos por todos los medios a la protagonista, que fue mejor secundaria, y el galardón al mejor sonido, quizás como guinda para amplificar la denuncia de un problema que, a pesar de llamadas de atención contundentes como las de esta película dura, crece y crece.
¿Razones para el descorazonamiento? "No, al contrario, hay que seguir con las denuncias", dice Bollaín, bien resuelta. Eso, pese a que sea un problema el de la violencia doméstica en el que se paga con la vida. La directora ve que empieza a notarse una reacción mayoritaria de enfrentamiento cuando observa que en el último año han aumentado un 37% las agresiones por violencia de género: "Es porque el silencio dura menos, con todas las campañas que hay se aguantan menos las agresiones, se denuncia más, y eso, en muchos casos, se paga con la vida, claro".
Pero, aparte de cada caso, según Bollaín, hay que luchar contra un Gobierno que parece todavía no haberse dado cuenta de la magnitud del asunto, y aseguró que hacen polvo actitudes como las de Manuel Fraga esta semana, cuando calificó de "menudencia" el acoso sexual a una menor por parte del alcalde de Toques, del Partido Popular, y no digamos la clausura de centros de acogida, como está ocurriendo: "Todas las asociaciones con las que hemos trabajado dicen que las medidas que se han puesto en funcionamiento son parches, creo que no se lo toman demasiado en serio, simplemente con escuchar lo que dicen quienes trabajan día a día con este asunto, valdría. Hay que articular políticas eficaces y por supuesto dar medios, no restringirlos. Los políticos y los jueces no le dan la importancia que tiene".
Siempre existen algunas excepciones, porque Bollaín agradece bastante el apoyo que ha recibido de la Junta de Castilla-La Mancha, cuyo presidente, José Bono, acudió el sábado a la gala para participar de la fiesta de una película que tiene lugar en Toledo. "Los castellano-manchegos han apostado fuerte por este proyecto, han financiado una tercera parte de la película y están muy sensibilizados por el problema con programas integrales para afrontarlo que incluyen seguimiento, atención y asistencia judicial", explica.
Pero todo es poco para aplacar el daño. Bollaín se ha implicado mucho en el drama. Ha hablado con multituud de mujeres afectadas. Ha conocido a fondo el miedo a esas prisiones interiores en las que los barrotes son la falta de recursos, el qué va a ser de los hijos, la progresiva destrucción de la estima: "Me impresiona mucho el silencio en el que viven, su soledad, que no cuentan sus casos a nadie y pueden pasar años. Esa manera en la que se les hunde. Muchas dicen que lo peor no son los golpes, sino reconstruirse por dentro", asegura. Y trata de averiguar por qué algunas son capaces de volver a esos infiernos: "Creo que la razón fundamental es que confían en que les pueden cambiar".
Y a los hombres, ¿cómo les deja su película? "A muchos les cuesta ir a verla. Muchos dicen que les mueve cosas por dentro. Se ven a ellos mismos en el problema de los celos, el miedo a perder, los arrebatos de ira. Cuando hice la película tenía miedo de que el personaje de Luis Tosar no se entendiera, pero es lo que más se ha elogiado del trabajo, ese intento por comprenderlo".
Cuestión de géneros. Algo que se mueve también en este arte que atrae masas. Porque el sábado, las mujeres del cine español tomaron más de una rienda con los reconocimientos: tres directoras premiadas. "Me ha alegrado mucho eso, los premios a Ángeles González Sinde -mejor dirección novel por La suerte dormida- y a Isabel Coixet -mejor guión adaptado por Mi vida sin mí-. Por primera vez las mujeres nos hemos vestido para recoger los premios y no para entregarlos", asegura.
Y sobre el borrón de la noche, el asedio a Julio Medem y su documental La pelota vasca, la piel contra la piedra, ella y Tosar no dudaron en ser de los pocos que mostraron su apoyo al director para reivindicar cosas básicas, asignaturas de primero de democracia que parece que se deben repasar: "Creo que si los demás no lo han hecho no es porque hubiera consignas en contra de ello, sino porque consideran que está tan claro que todos estamos contra el terrorismo que no resulta necesario decirlo. Pero sé que ha habido mucha solidaridad fuera del escenario con él y que los que pensaban decir más cosas, pues, sencillamente, no han subido al escenario a recoger nada".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 2004