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Crónica:FÚTBOL | 22ª jornada de Liga

El Madrigal bordea el drama

Varios heridos tras ceder una valla ante una avalancha de hinchas del Espanyol, que celebraban su triunfo sobre el Villarreal

El final del partido se tiñó de dramatismo en el Madrigal. Terminado el envite tras un gol en el último instante del delantero rumano Raducanu, los jugadores pericos cometieron la torpeza de ir a ofrecer el triunfo a la zona acotada para los seguidores radicales del Espanyol, en la esquina norte. Esa imprudencia y el exceso de adrenalina de los radicales, regado con el alcohol consumido antes del encuentro, tuvo su efecto. En el momento en que Raducanu, debutante ayer, lanzó la camiseta a sus aficionados, la valla de seguridad situada a metro y medio del suelo cedió ante el empuje del centenar de seguidores amontonados.

Hubo unos momentos de caos, mientras se iban levantando los seguidores y comprobando su estado físico, las huellas del accidente. El resultado fue de varios lastimados, dos de ellos de cierta gravedad: una seguidora blanquiazul -Ivet Aumatel- a la que le dio una lipotimia y tenía un hombro dañado; y un joven seguidor del Villarreal -Miguel Ángel Sánchez, de 25 años-que fue arrastrado por los radicales del equipo rival y que presenta la cadera fracturada. Ambos tuvieron que ser trasladados al hospital de La Plana, a dos kilómetros de Vila-real.

VILLARREAL 0 - ESPANYOL 1

Villarreal: Reina; Belleti (Josico, m. 61), Ballesteros, Quique Álvarez, Arruabarrena; Guayre, Pedro Martí (Roger, m.83), Battaglia (Anderson, m.61), Riquelme; Víctor y Jose Mari.

Espanyol: Lemmens; Torricelli (Tayfun, m.54), Domoraud, Pochettino, David García; Fredson, Morales, Wome (Raducanu, m.69); De la Peña, Maxi Rodríguez y Oscar (Jordi Cruyff, m.60).

Gol: 0-1. M. 89. Raducanu remata de cerca tras un centro desde la derecha de Maxi Rodríguez en un contragolpe del Espanyol.

Arbitro: Rodríguez Santiago. Amonestó a David García, Fredson y Pochettino.

Unos 17.000 espectadores en El Madrigal.

Las asistencias sanitarias tardaron diez minutos en aparecer, al igual que la policía, que cargó contra los radicales, que respondieron lanzándoles asientos arrancados. Daniel Sánchez Llibre, presidente del Espanyol, y José Manuel Llaneza, consejero delegado del Villarreal, se enzarzaron en una discusión. "Son unos salvajes, son unos salvajes", repetía Llaneza en alusión a los hinchas del Espanyol, mientras Sánchez Llibre señalaba a la poca consistencia de la valla como la causa del incidente. El presidente del club castellonense, Fernando Roig, también arremetió contra el comportamiento "todo el partido" de los ultras.

Del partido en sí, el Espanyol puede darse con un canto en los dientes: la victoria llegó cuando abrazaba un empate que de poco le servía. Eso sí, De La Peña reivindicó su buen nombre: inició el contragolpe que acabaría con el pase de Maxi Rodríguez y el remate a gol de Raducanu.

Una desgracia repetida

No es la primera vez que el Villarreal se ve envuelto en un suceso similar al de ayer por la tarde en El Madrigal. De hecho, el precedente más cercano en el tiempo también afectó al equipo castellonense. El 30 de noviembre de 2001, el delantero argentino Martín Palermo, en un partido de Copa, marcó un gol en el campo del Levante, el Ciudad de Valencia, después de varios meses sin anotar. Eufórico, se acercó a celebrarlo con los hinchas desplazados de su club y en ese momento se le desplomó encima un murete de ladrillo. Una secuencia casi idéntica a la de ayer. La pared del estadio Ciudad de Valencia, de un metro de altura, se derrumbó a plomo sobre el jugador y le fracturó la tibia y el peroné de la pierna derecha. El ariete estuvo seis meses parado.

En aquella ocasión, la veintena de aficionados de la entidad que preside Fernando Roig estaban tras el parapeto y no sufrieron ningún daño. El único accidentado fue el futbolista, justo lo contrario de lo sucedido ayer en el campo del equipo castellonense.

Palermo se agarró a las vallas de publicidad estática, que, a su vez, estaban enganchadas al muro. Eso, unido a la presión de los hinchas desde el otro lado provocó la rotura. El murete no aguantó el peso y se venció sobre el argentino. El Levante no asumió ninguna responsabilidad y señaló al jugador como el causante del accidente, además de calificar la acción de "fortuita, e, incluso, tonta". Sin embargo, el Villarreal denunció al equipo valenciano. Solicitó que se hiciera cargo del perjuicio económico que la lesión del jugador le iba a causar. Palermo acababa de firmar con la entidad valenciana por un montante superior a los nueve millones de euros.

La Ley del Deporte, de 1993, considera una infracción muy grave "las deficiencias en las instalaciones que signifiquen un riesgo para las personas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 2004

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