La razón difícilmente puede explicar las inseguridades, cautelas, miedos y desesperaciones de un grupo heterogéneo de chavales acostumbrados a la presión, el dinero y la fama. Ayer los donostiarras cumplieron con su quinta victoria consecutiva en Liga y se llevaron por delante a un Racing desenvuelto pero previsible. Durante 45 minutos, el fútbol volvió a su esencia infantil y soñadora, más propia de un arrabal de Marsella o de un potrero bonaerense que de un envarado estadio municipal.
Kovacevic probaba fortuna desde todos los sitios imaginables, Nihat cabalgaba con cara de pillo ante el desconcierto de la zaga cántabra y Karpin se olvidaba de sus treinta y cinco años para dar un recital de vertiginosas penetraciones por el extremo.
REAL SOCIEDAD 1 - RACING 0
Real Sociedad: Westerveld; López Rekarte, Kvarme, Schürrer, Aranzabal; Xabi Alonso, Alkiza (Aranburu, m.79); Karpin, Nihat, Gabilondo (De Pedro, m. 79); y Kovacevic.
Rácing: Ricardo; Moratón, Pablo Casar, Juanma, Ayoze; Morán, Matabuena, Diego Mateo (Afek, m. 68), Regueiro (Rául, m. 81); Jonathan (Benayoun, m. 68); y Javi Guerrero.
Goles: 1-0. M. 62. Karpin, de penalti.
Árbitro: Esquinas Torres. Amonestó a Schürrer, Matabuena, Karpin, Xabi Alonso y Ayoze y expulsó a Juanma (m. 62) por doble amarilla.
26.209 espectadores en Anoeta.
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Hasta los de Lucas Alcaraz dejaron a un lado las prevenciones iniciales y se desmarcaron con un par de clarísimas ocasiones que casi descalabran las ilusiones blanquiazules. Pero sin pegada. Javi Guerrero no demostró su valía en los metros finales y pasó desapercibido ante la presión constante de Schürrer, y Jonathan evidenció el eterno paradigma de la juventud: frescura y nuevas ideas pero poca experiencia para leer un partido en el que acabó borrado por la Real y sustituido por su técnico.
Nadie sabía por qué no ganaba la Real hasta que Juanma provocó un penalti riguroso y fue expulsado. Entonces, el inefable Karpin, tomó la responsabilidad y engañó a Ricardo. El Racing se fue derrotado, con el autobús de sus aficionados apedreado al mediodía y un hincha con tres puntos de sutura.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 2004