El Espanyol se dejó ayer en Sevilla una de las pocas oportunidades que le quedaban para reivindicar su derecho a soñar con mantener la categoría. A su drama vital se añade el escozor de que le derrotase un equipo roto, sin norte, una caricatura de lo que fue y de lo que presumió.
El conjunto andaluz vino con la puñalada dada de Madrid. La goleada recibida en el Bernabéu supuso mucho más que una derrota. El Sevilla quería salvar la cara esta temporada gracias a sus enfrentamientos con el Madrid. Sus dos victorias sobre los madridistas -una en la Liga y otra en la Copa, ambas en el Sánchez Pizjuán- daban pie a que los más crédulos vieran cumplido el autoexigido salto de calidad. Pero los cinco goles del domingo pasado le devolvieron el sentimiento de que su curso está siendo muy mediocre. Ayer salió al campo como si se tratara de la pretemporada. Nadie se colocaba bien, nadie daba un pase al sitio.
SEVILLA 1 - ESPANYOL 0
Sevilla: Esteban; Daniel Alves, Javi Navarro, Pablo Alfaro, David; Gallardo (Redondo, m. 89), Martí, Julio Baptista, Antonio López; Antoñito (Torrado, m. 69) y Carlitos (Darío Silva, m. 46).
Espanyol: Lemmens; Domoraud, Torricelli, Pochettino, David García (De la Peña, m. 56); Fredson (Álex, m. 64), Wome; Maxi (J. Cruyff, m. 73), Hajdi, Vignal; y Tamudo.
Gol: 1-0. M. 51. Antoñito remata a bocajarro un centro de cabeza de Darío Silva tras el saque de un córner.
Árbitro: Iturralde González. Amonestó a Estebán, Martí, Javi Navarro, Antonio López, Vignal y Álex.
Unos 20.000 espectadores en el estadio Sánchez Pizjuán.
MÁS INFORMACIÓN
El entrenador del Espanyol, Luis Fernández, apostó por la vía del sudor y la presión para vencer en Sevilla. Y estuvo cerca. Hadji, como enganche; Vignal y Maxi, presionando muy arriba. Les tocaba sacar la pelota a los sevillistas menos dotados del equipo para esa labor, Navarro y Alfaro, y su centro del campo no acudió al rescate casi nunca. Joaquín Caparrós colocó a Martí por delante de la línea defensiva y a Baptista un poco más adelante. Martí, desbordado de trabajo, apenas pudo dar un par de pases en condiciones a sus delanteros. Baptista jugó una primera parte desastrosa. Nunca supo colocarse. Ni para atacar ni para defender. Parecía no ya no estar adaptado, sino no saber de qué iba ese juego en el que se dan patadas a una pelota blanca.
Alves tampoco hizo nada. Redondo se ha ganado la titularidad por defender todo lo que Alves no defiende para que el espigado brasileño explote en el ataque su anárquica calidad. Pero ayer estaba en el banquillo y su sustituto, Gallardo, no enfoca su trabajo como una simbiosis del lateral brasileño. Gallardo tiene vuelo propio y le gusta atacar. La banda izquierda fue un dolor de muelas para los centrales del Sevilla.
El partido comenzó con dos tiros mansos de Maxi, que metieron el miedo en la grada ante los fallos defensivos que les precedieron. Lemmens hizo un paradón en un tiro de Baptista al cuarto de hora. Hasta que Tamudo hizo un ocho a Alfaro en el área -en el minuto 40- y Navarro sacara lo que parecía gol, no hubo nada de nada. La astucia solitaria o más bien abandonada de Tamudo y los regates de más de Antoñito y Carlitos. Fútbol de muy poca altura.
En la segunda parte, Caparrós recuperó el doble pivote con la entrada de Torrado y el Sevilla se creció. Antoñito marcó a la salida de un córner y a Baptista se lo había impedido Lemmens un minuto antes. Pero el juego siguió siendo malo.
Luis Fernández sacó a De la Peña y Jordi Cruyff. El cántabro no trajo nada. Se dedicó a protestar con tanto ahínco que en una ocasión pareció que se quejaba de la dureza de un plantillazo que había pegado él mismo.
La contribución de Jordi fue bastante mayor. Remató al travesaño con la cabeza a un minuto del final, pero cometió el infantil error de enfangarse en un pique con Navarro que le distrajo de su verdadero trabajo. Esteban paró dos espléndidos remates espanyolistas también cerca del final. Pero tan sólo fue la breve, pero vigorosa carrera del pollo al que le acaban de cortar la cabeza.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 2004