El Madrid hizo de todo en Albacete. Jugó bien, mal y regular. Ofreció instantes de gran autoridad y regresó en el segundo tiempo con el aire despistado que le suele caracterizar. Y ganó, lo que no es poca cosa a estas alturas de la competición. Roberto Carlos se encargó de transformar dos tiros libres, antiguo patrimonio de Beckham. Ahora se ha animado el lateral brasileño y los emboca, en algún caso con ayuda, como ocurrió en el segundo tanto. El Albacete tuvo más que dignidad. Jugó con clase, y sin demasiado nervio, en el primer tiempo y con gran intensidad en el segundo.
El partido tuvo el aire de la temporada que acaba. El Madrid, que se había permitido graves distracciones frente al Zaragoza y el Athletic, jugó la primera parte con decisión y movimiento. Ahí ganó el encuentro. A estas alturas, el equipo sabe que no hay tiempo para reparar malos resultados. Con un fútbol ligero, de gran contenido colectivo, el Madrid superó casi siempre al Albacete, que sólo merece el elogio.
ALBACETE 1 - REAL MADRID 2
Albacete: Almunia; Óscar Montiel, Pablo, Buades, Peña; Álvaro (Viaud, m. 65), David Sánchez (Parri, m. 54); Redondo, Pacheco, Munteanu; y Fabiano (Mikel, m. 54).
Real Madrid: Casillas; Míchel Salgado, Mejía, Raúl Bravo, Roberto Carlos; Beckham, Guti (Borja, m. 67); Figo, Raúl, Zidane (Solari, m. 80); y Ronaldo (Nuñez, m. 87).
Goles: 0-1. M. 18. Roberto Carlos lanza un libre directo al borde del área que pega en Montiel y despista a Almunia.
0-2. M. 70. Figo, dentro del área, desvía la trayectoria de un golpe franco ejecutado por Roberto Carlos desde 40 metros.
1-2. M. 81. Parri, de fuerte disparo cruzado desde fuera del área que bota y sorprende a Casillas.
Árbitro: Ramírez Domínguez. Amonestó a Pablo, Parri, Mejía, Solari y Viaud.
Unos 16.000 espectadores en el estadio Carlos Belmonte. Un minuto de silencio por el fallecimiento de un ex directivo del club manchego.
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El Albacete es la prueba del avance del fútbol español. Recién ascendido, con jugadores muy jóvenes y gente muy poco conocida, su propuesta revela todo aquello que ha acreditado a la Liga en los últimos diez años: orden, buen gusto y desinhibición. En su estilo, no hubo gran diferencia con el Madrid. La diferencia estribó en la distancia abismal que separa a varias de las principales estrellas del fútbol mundial con unos chicos que pretenden hacer carrera. Gente como David Sánchez, un zurdo elegante que recuerda al primer Guti, o Pacheco saben jugar. A su alrededor se nota la mano de un entrenador exigente. El equipo está trabajado, se mueve con coherencia para atacar y para defenderse, tiene empuje y no desmaya en el esfuerzo. Que eso lo haga uno de los últimos de la clasificación habla más que bien del Albacete y de la mayoría de los equipos españoles.
El Madrid recordó en el primer tiempo al equipo ligero que ganó multitud de partidos en diciembre. Como siempre, la pelota marcó la diferencia o, mejor, el uso masivo que el Madrid hizo del balón. Todos los jugadores participaron en la elaboración, con Zidane a la cabeza. La noticia fue el regreso de Raúl a la hiperactividad después de varios partidos disminuido por las lesiones en los tobillos. Raúl se agregó al medio campo, lo que resultó crucial en los mejores momentos del Madrid. Por lo demás, Figo mantuvo el listón de los últimos tiempos, aunque no utilizó demasiado el costado derecho para comprometer al tenaz Peña. Sólo Guti pareció un punto o dos por debajo de su nivel. Daba impresión de fatiga, de sentirse saturado: falló varios pases sencillos y no logró establecer la mínima seguridad en el juego en el segundo tiempo, en medio del acoso del Albacete, que sacó al gigantesco Mikel para medir la debilidad del Madrid en el juego aéreo.
Después de tres amagos, con ocasiones de Figo y Ronaldo, el tanto del Madrid llegó en un tiro libre. Roberto Carlos ha emplazado a Beckham en estos asuntos. Estas jugadas ya no son patrimonio exclusivo del jugador inglés. De hecho, todos los goles de libres directos -tres en esta Liga- han tenido como protagonista a Roberto Carlos. Anotó el primero y casi se puede decir lo mismo del segundo, desviado con el pecho por Figo. Este gol acabó con los problemas del Madrid, que atravesó por dificultades en el arranque del segundo tiempo. En la dificultad ningún defensa jugó con más autoridad que Mejía. El joven central estuvo impecable. Fue listo para anticiparse, poderoso para ganar los balones divididos, rápido para ocupar los lugares vulnerables y eficaz para rectificar algunos errores de Raúl Bravo, que de vez en cuando se descuelga con alguna extravagancia.
Una vez más, Casillas tuvo su momento de gloria. Con el partido en el alero, rechazó un cabezazo mortal de Mikel. Ante la incredulidad general, la pelota golpeó en el guardameta, que voló sobre la línea de la portería. Casillas tuvo tiempo de equilibrar su portentosa acción con un grave error en el tanto del Albacete. Fue una pésima noticia para el Madrid, que se prometía una victoria tranquila y se encontró con un final muy revuelto, con el Albacete en tromba. Fueron menos las ocasiones de gol que la sensación de lo imprevisto: de un empate que nadie sospechó durante largas fases del partido. Pero así es el Madrid. Le gusta dar cuartelillo a los rivales y complicarse la vida con finales abiertos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 2004