Las elecciones regionales del 21 y del 28 de marzo en Francia han reforzado la autoridad del primer secretario del Partido Socialista, François Hollande, hasta ahora discutida en el seno de un grupo repleto de personalidades y en el que, tras la derrota electoral de 2002, surgieron dos corrientes de verbo y voluntad más radical que la del sector mayoritario. No es que el liderazgo de Hollande estuviera en juego -ni siquiera era candidato-, pero los resultados le permiten dirigir con más comodidad la reconstrucción del proyecto socialdemócrata ante las presidenciales y legislativas de 2007.
El futuro proyecto socialdemócrata está en los programas defendidos en las elecciones regionales
MÁS INFORMACIÓN
Hace un año se le veía en una situación complicada, amenazado por la aparición de dos corrientes internas de verbo radical -Nuevo Mundo y Nuevo Partido Socialista- que obligó a la movilización de los llamados elefantes, es decir, ex ministros y figuras diversas de la etapa de Lionel Jospin para situar a Hollande como mal menor al frente del sector mayoritario.
En el congreso de Dijon, celebrado en mayo de 2003, Hollande prometió hacer del Partido Socialista una fuerza capaz de volver al 30% de los votos; las esperanzas han quedado sobrepasadas por la realidad del 40% alcanzado en la primera vuelta de las elecciones regionales. La alianza con comunistas y ecologistas funcionó aún mejor en la segunda, una semana después, en que la izquierda plural raspó el 50% del voto emitido.
En la trayectoria de un líder esto cuenta. Y el impresionante éxito electoral de su compañera, Ségolène Royal, en el feudo electoral del actual primer ministro, Jean-Pierre Raffarin, también consolida una pareja política muy distinta a los tickets electorales conocidos hasta el momento. Porque ella lleva una carrera política propia, ha sido tres veces ministra, ha conducido su campaña como le ha parecido y nadie puede decirle que se haya servido de su relación familiar con François Hollande; como tampoco éste se ha consolidado por el simple hecho de ser el compañero de la versión femenina del secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero.
La pareja es tan atípica que algunos de sus adversarios enredan con la idea de que a lo mejor los dos compiten para culminar sus respectivas carreras en la presidencia de la República...
La abundancia de luces sobre los protagonistas da idea de que aún no puede hablarse de un proyecto político. La izquierda fue "el instrumento del voto de protesta" el 21 y el 28 de marzo contra la política social de Raffarin y por extensión contra el presidente Jacques Chirac, reconoce honradamente Hollande, pero le falta fijar su proyecto propio para las elecciones presidenciales y legislativas de 2007, donde se va a jugar el poder de las instituciones nacionales: presidencia de la República, Asamblea Nacional, Gobierno de París.
Hasta ahora, la línea seguida desde el congreso de Dijon puede resumirse en un giro a la izquierda: el momento más simbólico fue la ovación cerrada concedida por el citado congreso a Bernard Thibault, el líder de la central sindical CGT, que estaba librando en ese momento la batalla en la calle contra la reforma de las pensiones impulsada desde el Gobierno de Raffarin. Un dirigente como Laurent Fabius, ex primer ministro y ministro de Economía, que había jugado el papel de moderado en otras épocas, llamó enérgicamente a la "oposición frontal" contra "la regresión que supone" el Gobierno de Raffarin.
Para hacerse una idea del futuro proyecto socialdemócrata hay que buscar pistas en los programas socialista para las regionales. Los empleos jóvenes, suprimidos por el Gobierno de la derecha, volverán a las regiones para actividades escolares de apoyo, ayuda a la tercera edad, acceso a nuevas tecnologías y programas medioambientales. En materia educativa, los socialistas se proponen generalizar la gratuidad de los libros y del material escolar y abaratar los transportes públicos.
Frente a la política de bajada de ciertos impuestos, practicada por el Gobierno de Raffarin, los socialistas quieren "rehabilitar el impuesto". Así se proclamó en la universidad de verano celebrada por este partido en 2003. La idea, lanzada por el ex ministro Jean Glavany, fue apoyada no sólo por los dirigentes de las tendencias más izquierdistas -Henri Emmanuelli, jefe de Nuevo Mundo, y Arnaud Montebourg, fundador de la corriente Nuevo Partido Socialista-, sino por los ex ministros de Economía Dominique Strauss-Kahn y Laurent Fabius, en el contexto de las críticas al Gobierno de Raffarin por bajar el IRPF y subir, al mismo tiempo, los impuestos locales.
En materia de proyectos, mucho dependerá de la persona que represente al socialismo en la elección presidencial de 2007. Hollande siempre ha sido partidario de respetar al Partido Comunista y a los Verdes, tanto como de censurar a "la izquierda de la izquierda" (los trotskistas Arlette Laguiller y Olivier Besancenot), que se limitan a "disparar contra el Partido Socialista", según sus propias palabras. Y esa táctica de reconstrucción de la izquierda plural ha resultado respaldada por las elecciones regionales. Es uno de sus vencedores.
Por eso su autoridad personal se refuerza tras lo sucedido en marzo, sin que esto implique que los elefantes del partido -Strauss-Kahn, Jack Lang y Fabius- hayan perdido toda oportunidad. Lo mismo que el alcalde de París, Bertrand Delanoë, de nuevo fortalecido después de que la izquierda haya batido el récord de votos en la capital francesa: 50,4% en las regionales, más que cuando él mismo resultó elegido en 2001.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 2004