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Siria confirma su dominación de Líbano en un desafío a la ONU

Naciones Unidas reclamó el fin de la tutela política sobre el país vecino

Siria se niega a retirar sus tropas de Líbano, desafiando así una resolución tajante de Naciones Unidas, dictada hace una semana, por la que se le ordenó, aunque sin citarla, replegar su Ejército del país vecino, poniendo punto final a un proceso de tutela y ocupación iniciado hace cerca de tres décadas. La actitud rebelde del régimen de Damasco, que mantiene 17.000 soldados en territorio libanés y controla su vida política, amenaza con crear un nuevo foco de tensión en el ya encendido Oriente Próximo.

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas dictó el pasado jueves, una resolución de siete puntos, promovida por Estados Unidos y Francia, respaldada por el Reino Unido, Alemania y España, por la que se ordenaba a "todas las fuerzas extranjeras" retirarse de Líbano y la "disolución y desarme" de las milicias. De esta manera, la resolución otorga al Gobierno de Beirut la plena "soberanía e independencia política", que permita el próximo mes de noviembre la celebración de unas elecciones presidenciales libres, "conforme a las reglas de la Constitución" y "al margen de toda interferencia e influencia extranjera".

La resolución de la ONU, numero 1.559, votada favorablemente por 9 de los 15 miembros del Consejo de Seguridad mientras que los otros seis se abstuvieron, había sido previamente maquillada durante todo el mes de agosto por la diplomacia internacional, a instancias de los Gobiernos de Damasco y Beirut. Éstos que lograron hacer desaparecer del texto original referencias claras y tajantes a Siria o las amenazas de sanciones al régimen de Bachar al Assad, si la orden de repliegue o desarme no se llevaban a término de forma "inmediata".

La resolución de la ONU, a pesar de todas las matizaciones y edulcoraciones de última hora, han provocado la reacción airada de los Gobiernos de Damasco y Beirut, que denuncia de forma oficial la injerencia de la comunidad internacional en un asunto que consideran interno. Asimismo, recuerdan que el despliegue de las tropas sirias en el territorio libanés se llevó a cabo en unas circunstancias muy particulares y ya olvidadas; en 1976 en plena guerra civil, a petición del Gobierno de Beirut y con la aquiescencia de la Liga Árabe.

Los dos países aseguran además que la presencia de estas tropas, que según éstos no pueden considerarse "extranjeras", se encuentra ratificada y legitimada por el tratado de fraternidad y cooperación firmado por los dos Ejecutivos.

Damasco, de acuerdo con esta posición de rechazo, no sólo se ha negado a retirar los 17.000 soldados, que aún permanecen acantonados en territorio libanés, sino que además, ha dictado a los sectores aliados del Gobierno de Beirut una serie de reformas políticas, que han permitido la modificación de la Constitución y la prolongación por tres años del mandato de un procónsul leal y fiel, el actual presidente libanés, Emile Lahoud, cuyo cargo expiraba el próximo 24 de noviembre.

Las maniobras de Damasco han sido percibidas por un amplio sector de la población libanesa como una nueva imposición. La reacción no se ha hecho esperar; cuatro ministros -tres drusos y un maronita- de los 30 que forman el Gabinete han presentado su dimisión y el jefe de Gobierno, Rafia Hariri, ha declarado que no descarta abandonar su cargo.

La Liga Árabe también se mostró ayer crítica con la resolución de Naciones Unidas, a la que acusó de haber abandonado sus prioridades en Oriente Próximo y de recurrir al doble rasero para opinar sobre la presencia del Ejército sirio en el Líbano. "Creo que hay otras crisis en Oriente Próximo de las que el Consejo de Seguridad no se está preocupando, como los conflictos en Irak o en Palestina", dijo el secretario general de la Liga, Amro Musa, después de recibir a Hariri en El Cairo.

La polémica ha salido a la calle y amenaza una vez más con un enfrentamiento de la población, entre aquellos que reclaman la continuación de la tutela siria y aquellos otros que reivindican el fin de las imposiciones extranjeras y la retirada de las tropas extranjeras. La sombra de las movilizaciones populares se cierne sobre el país.

"Líbano, todo el pueblo libanés se encuentra secuestrado por sus representantes", aseguraba hace pocos días un cristiano maronita de manera encendida desde un periódico local de Beirut, al lado de la opinión de otro lector que denunciaba el "clima enrarecido y perverso que amenaza con acabar con los fundamentos de la unidad de Líbano". En medio, como tratando de buscar un punto de equilibrio, alguien sugería una tercera vía y reclamaba la celebración de un referéndum.

Asedio israelí en Gaza

Docenas de tanques y soldados de infantería israelí tomaron ayer el norte de la franja de Gaza, en una operación sin precedentes destinada a impedir el lanzamiento de misiles artesanales de las milicias palestinas sobre los enclaves judíos.

La operación ha dejado de nuevo aislada la ciudad de Beit Hanun y Beit Lahia, que han vivido al menos una decena de asedios desde que hace cuatro años se iniciara la Intifada. El despliegue de tropas trata asimismo de sellar el campo de refugiados de Yabalia, uno de los más importantes de los territorios, donde se amontonan cerca de 150.000 desplazados. A pesar de estas maniobras, activistas palestinos dispararon ayer cinco misiles artesanales sobre el desierto del Neguev, aunque sin causar víctimas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 2004

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