Las irregularidades acerca del MV Ulla y su viaje con un cargamento de cenizas contaminadas por cromo VI se acumulan. De acuerdo con el Ministerio de Medio Ambiente español, el barco no tenía permiso para hacer el 9 de diciembre de 1999 el viaje desde Avilés a Argelia, destino original de la carga. Mucho menos lo tenía para dirigirse luego a Alejandreta (Iskenderun), en el sur de Turquía: esta decisión fue tomada de forma "unilateral" por el capitán del barco, según Medio Ambiente.
Para entrar en el puerto turco, el capitán presentó documentos "manipulados", afirma el ministerio español. El barco no pudo descargar las cenizas en Jijel (Argelia) porque ACS Dragados, la compañía que las había comprado para usarlas en la fabricación de una presa, las rechazó por su mal estado.
Los inspectores negaron el permiso al buque para navegar tres veces en un año
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El uso de cenizas obtenidas de los humos de las centrales térmicas en la construcción está muy extendido. Sólo en 2001, la UE empleó 18,7 millones de toneladas, de acuerdo con la asociación de reutilizadores de residuos del carbón Ecoba.
Medio Ambiente afirma que la cementera Lafarge Asland había ordenado previamente otros 18 transportes de cenizas en distintos barcos, todos ellos sin permiso. El ministerio mantiene que la propiedad de la carga del decimonoveno, el del MV Ulla, es todavía de Lafarge Asland, porque la compañía no ha denunciado al capitán por el desvío.
La cementera niega este aspecto, y afirma que según el "derecho marítimo internacional", la propiedad es de ACS Dragados, que había comprado la carga. La constructora no ha querido hacer declaraciones al respecto. La cuestión de la propiedad es importante porque puede determinar quién debe hacerse cargo de reflotar la carga y transportarla a España.
Las irregularidades en los transportes de Lafarge Asland llevaron a Medio Ambiente a imponerle dos multas, una de 30.050,61 euros por los 18 traslados sin autorización, y otra de 18.030,36 euros por abandono de carga. Aunque Lafarge Asland ha manifestado su voluntad de cooperar en la repatriación de las cenizas, la empresa mantiene un contencioso sobre este aspecto en el Tribunal Supremo.
El buque, que navegaba con una bandera de conveniencia de San Vicente y Granadinas, en el Caribe, era propiedad de un naviero turco, Cemil Mavi Deniz. Había sido construido en 1969. En 1998 fue retenido tres veces en distintos puertos por irregularidades y fallos, según Efe. La primera vez en marzo, cuando los inspectores de Larvik (Noruega) detectaron que tenía un agujero en el casco.
La segunda fue en agosto en La Spezia (Italia), porque no le funcionaba el sistema de anclaje, tenía fallos de seguridad, amarras, en la radio y en la documentación, según los datos de la base de datos de la UE para la marina mercante.
La tercera retención ocurrió un mes más tarde en el puerto de Oslo. Entonces se detectó que las escotillas laterales no funcionaban, y que tenía fallos en la línea de carga (la que marca el máximo que se puede hundir cuando va lleno). Sin embargo, el 7 de julio de 1999 el barco pasó una revisión sin problemas en Tangarog (Rusia).
El remate para el deterioro del MV Ulla lo dieron los cuatro años de retención en el puerto de Alejandreta. En 2003 tanto las autoridades turcas como Greenpeace denunciaron que la nave tenía el casco corroído, y que no estaba en condiciones de navegar.
Según el Ministerio de Medio Ambiente, los planes para devolver las cenizas a España incluían su trasvase a otro barco en mejores condiciones. El regreso se demoró por los procesos judiciales sobre quién debía correr con los gastos en España; y por un embargo de las autoridades turcas sobre el barco. Por fin, el 3 de septiembre de este año se habían despejado los obstáculos, pero el barco se hundió el pasado día 6. Aunque el ministro de Medio Ambiente turco, Osama Pepe, apuntó al principio a la posibilidad de un sabotaje, en declaraciones posteriores ha pospuesto emitir un juicio hasta que se investigue el caso.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 2004