En un locutorio de Villaverde Bajo un reloj grande y feo marca la hora de Ucrania, Rumania y Bulgaria. Una mujer rubia y de grandes ojos azules habla que te habla sin parar por teléfono hasta que mira el reloj y se da cuenta de que el tiempo se le ha pasado volando. "Son seis euros", le pide la mujer que regenta el negocio. Sonia Ivanova, de 26 años, resopla. Ha tenido que colgar después de estar hablando un buen rato con su madre y con su hermana, que viven en Bulgaria. Ella está en la otra punta de Europa, en Villaverde Bajo, sola con su novio Iván, también búlgaro. "Yo estudié informática y de momento trabajo ayudando a mi novio en la empresa que ha montado porque no tengo los papeles en regla", explica.
La mayoría de los ucranios de la capital se concentra en este distrito
MÁS INFORMACIÓN
Como Sonia e Iván, cerca de 3.500 ciudadanos de Europa del Este han elegido el distrito de Villaverde para vivir. Algunos, como los ucranios, forman una pequeña mayoría: en esta zona de la capital viven 894 ciudadanos de Ucrania, que suponen la mayor concentración de vecinos de este país en la capital. Hay muchos europeos del Este trabajando en la construcción y muchas europeas que han encontrado hueco en el servicio doméstico de otros distritos. Su adaptación a la vida de la ciudad no es fácil debido a los problemas que tienen con el idioma. Erika sólo tiene 17 años y todos los días coge el tren para ir hasta Nuevos Ministerios, donde mendiga. Ella es rumana y carga todos los días con su pequeño bebé. Apenas balbucea dos o tres frases en español.
Aunque hay muchos ciudadanos de Europa del Este, Villaverde, en general, es un distrito muy heterogéneo respecto a la inmigración. No hay grandes guetos. Los chinos, por ejemplo, son sólo 242, algo que contrasta con la abrumadora población oriental que hay en el distrito vecino de Usera. En Villaverde predominan los ecuatorianos (7.209), seguidos por marroquíes (3.111), por colombianos (2.865) y por los rumanos (1.344). "La población inmigrante se ha adaptado bien. Yo tenía un poco de miedo porque cuando hace años vinieron al distrito vecinos procedentes de realojos hubo muchas protestas vecinales", explica Pedro Tejero, presidente de la asociación de vecinos Los Rosales. El aumento de los residentes extranjeros se nota en los negocios: hay locutorios y empresas dedicadas a gestionar visados y a dar hipotecas en cada calle. Un garaje, incluso, ha albergado hasta hace poco un templo dedicado a los rezos animistas, según explica Tejero.
El distrito (142.597 habitantes) está dividido en cinco barrios: San Cristóbal, Los Rosales, San Andrés, Butarque y Los Ángeles. En la barriada de San Cristóbal hay un 33, 9% de población extranjera (5.542 personas): es el barrio de Madrid con el porcentaje más alto de inmigrantes. En Los Rosales el porcentaje baja hasta el 17,1%, pero sigue estando muy por encima de la media de la capital. En el resto de barrios, los extranjeros suman entre el 12,4% y el 14,1% del total de vecinos.
La transformación que la población inmigrante está haciendo en el distrito se une a otras muchas que ha experimentado la zona. Los antiguos polígonos industriales de los ochenta fueron derruidos y sobre ellos se levantaron cientos de nuevas viviendas. Muchos vecinos quedaron en el paro, lo que sirvió de fruto para el asentamiento de las asociaciones vecinales. En 1997, el Gobierno autonómico de Alberto Ruiz-Gallardón aprobó un plan de ayuda por seis años para el distrito de 18.000 millones de pesetas. El proyecto recibió el nombre del plan Villaverde. Pero no ha sido suficiente. Los vecinos denuncian que el dinero finalmente tuvo que ser compartido con Usera y que las inversiones no han paliado las auténticas necesidades del distrito.
De Nigeria vino en 1992 Tommy Bactus. Ahora vive con su mujer española y sus dos hijos en Valdemoro, un pueblo "que mola mucho". En Villaverde Alto ha sabido ver dónde había negocio y ha abierto una tienda donde se puede llamar por teléfono y consultar Internet y donde se venden productos de peluquería específicos para el pelo africano. En el otro lado del distrito, la frutería Youssef es un ejemplo de concordia. El negocio lo regentan dos marroquíes. Said Trebak despacha a los clientes, entre los que hay desde vecinos latinoamericanos hasta mujeres del barrio de toda la vida. Él también ha sabido ver el negocio: vende productos importados de Ecuador o Colombia junto a otros productos típicos españoles.
Tanto Trebak como Bactus repiten en Villaverde el camino que décadas atrás hicieron extremeños y manchegos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 2004