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Tribuna:EL NUEVO LIDERAZGO EN EL PA

El nuevo andalucismo

Si el bipartidismo cada vez más definido que impera en la mayoría de las Comunidades Autónomas (CC.AA.), excepción hecha de Cataluña, País Vasco, Canarias y Galicia, por la presencia de partidos de corte nacionalista, estaba a punto de instaurarse de forma casi definitiva en Andalucía, tras el proceso de regresión que sufre IU y la pérdida de personalidad política del Partido Andalucista (PA), los últimos acontecimientos acaecidos en esta formación, tras la celebración de su congreso nacional, abren al menos una puerta a la esperanza para que la pluralidad sirva de freno al monopolismo que siempre se deriva del hecho de ser dos las únicas alternativas de gobierno.

La derrota sufrida por Antonio Ortega, en clara respuesta a la etapa de pesebrismo y contradicciones que los andalucistas han vivido en los últimos años, puede representar la recuperación de la propia identidad del PA y, con ello, la apertura de una nueva etapa en la que los andaluces podamos despolarizar el clima político de nuestra región, cada vez más enfrentado en sus postulados y menos resolutivo a la hora de gestionar nuestros recursos.

Todo dependerá, evidentemente, de la capacidad de los nuevos dirigentes andalucistas para analizar su propia situación interna e introducir los cambios que les permitan recuperar un discurso andaluz claramente diferenciable e independiente de las corrientes de poder que en cada momento pudieran establecer su hegemonía.

No ha fracasado, hasta el momento, el andalucismo como pensamiento político, por la falta de identidad de los andaluces con su propia tierra y sus singularidades, sino por no haberse mostrado como un referente que en todo momento se identificase con la realidad social de un pueblo que, desde su sencillez cultural, se ha mostrado exigente a la hora de poner en valor sus propios derechos y aspiraciones.

El PA pasó de un rico proceso de definición ideológica, protagonizado por dirigentes hoy desaparecidos o alejados del partido, a otro, este mucho más pobre, de implantación institucional, en el que primó la lucha por el poder por encima de la consolidación de un proyecto social para Andalucía claramente diferenciado y sólidamente estructurado sobre las bases que debieran haberlo hecho competitivo.

El resultado final ha venido siendo el abandono de principios a lo largo del camino, para sustituirlos por migajas de poder, por las que además se escenificaba la confrontación entre personas que tanto daño público ha hecho al PA.

A partir de ahora toca recorrer un duro camino que deberá iniciarse de nuevo por la ideologización del andalucismo, atendiendo al marco sociocultural de nuestra comunidad, y que deberá continuar por la puesta en práctica de un severo ejercicio de coherencia y solidez interna que transmita credibilidad a los andaluces, de forma que entiendan como útil ejercitar su voto en una dirección distinta a las dos únicas que casi exclusivamente se le presentaban como claramente identificativas.

Como complemento a esa tarea, resulta interesante la posibilidad que antes y después del congreso andalucista se apuntaba en el sentido de integrar en el nuevo proyecto que liderará Julián Álvarez a otros colectivos políticos o sociales con el fin de conformar un nuevo andalucismo, mucho más plural en su concepción nacionalista, a la vez que enriquecido por las aportaciones de personas e ideas no contaminadas por el proceso de fagocitosis interna vivido en los últimos años por el PA.

Concretamente se referían estos rumores, aireados, no sé si con intencionalidad electoral o con fundamento, por el anterior dirigente andalucista, Antonio Ortega, al posible acuerdo del PA con la asociación que preside Manuel Pimentel, Foro Andaluz, a fin de buscar un marco de colaboración política de cara a futuros proyectos electorales.

No parece disparatada tal posibilidad, máxime cuando Foro Andaluz ha dejado patente a través de sus trabajos de estudio y su participación en la plataforma Andaluces Levantaos el carácter andalucista de sus propuestas, y Pimentel representa uno de los valores políticos más interesantes del panorama andaluz.

Habría que contar, eso sí, con la capacidad del PA para integrar y con la propia disponibilidad de Manuel Pimentel para regresar, con todas sus consecuencias, a un ruedo político que dista mucho de adaptarse a los parámetros con los que afrontó las autonómicas de marzo pasado.

En cualquier caso, la tarea, sea como sea como se afronte, requerirá de esfuerzos personales y colectivos si realmente se quiere que el panorama político andaluz bascule en un equilibrio mucho más estable que el actual, abriéndose a alternativas hasta ahora desconocidas, si no en quienes pudieran integrarlas, sí en el contenido de las mismas y en los resultados que de ellas pudieran obtenerse.

Enrique Bellido Muñoz ha sido senador por Córdoba

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 2005