El árbitro Robert Hoyzer durante el partido que amañó
Alemania encadena los escándalos
JOSÉ COMAS | Berlín
Un tufo de corrupción recorre Alemania. Diputados que cobran grandes sueldos y jubilaciones fabulosas no vacilan en redondear sus ingresos a base de cobrar de empresas por prestaciones de servicios más o menos reales. La flor y nata del capitalismo alemán se autoindemniza con muchos millones de euros por gestiones en ocasiones dudosas.