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Gaudí muestra un romanticismo con toques ultramodernos

Carmen Calvo anuncia un plan para la promoción exterior de la moda española

La segunda jornada de Gaudí mostró las posibilidades del nuevo romanticismo ligado a una visión de tendencia que aúna la evocación del pasado con la aventura del futuro. Cortana y Mireya Ruiz, con menor fortuna, y Sita Murt y Victorio & Lucchino, con más acierto, exploraron esa vía. Después, Josep Abril volvió a su búsqueda dentro del povera-chic, y Lydia Delgado bordó el mejor desfile del día con sus mujeres de leyenda.

La ministra de Cultura, Carmen Calvo, pasó por Gaudí y anunció la inminente puesta en marcha -antes del verano- de un acuerdo entre los ministerios de Cultura y de Industria, Comercio y Turismo con el sector para la formación y la promoción de la moda española en el exterior.

El paisaje invernal de Josep Font cerró la jornada del lunes de Gaudí. El diseñador catalán se mantuvo fiel a su estilo y dejó fluir a sus peculiares muñecas por la pasarela. Cinturas altas, estampados sofisticados, cuellos militares para los abrigos y faldas de pliegues son algunos de los rasgos de una colección que brilló con luz propia.

Cortana abrió la jornada al mostrar unas modelos con una palidez cerúlea que con gran acento entre neogótico y romántico pasearon una breve colección teatral, quizá tal como las hubiera soñado Bram Stoker.

Sita Murt mostró la profesionalidad de una colección totalmente ponible. Su inspiración estaba entre el dandi y una feminidad aniñada, donde destaca su maestría con el punto.

Victorio & Lucchino glorificaron un ideal algo imposible: el pijo rural, donde combina, a través de una exquisita sastrería italiana, elementos vernáculos andaluces con sofisticadas soluciones como la pedrería bordada en cuellos y solapas, pieles de pelo, terciopelos y un punto colorista. El mundo de la ganadería y el caballo jerezano estaban presentes en los pantalones de montar y las botas caña de monta. Cerraron los sevillanos con una deslumbrante serie en negro con luces, las que da el raso y el azabache, el terciopelo y la seda.

Mireya Ruiz fue irregular, desconcertante por momentos, con muy buenas ideas no llevadas a buen puerto. Su neobarroco, de pulsado extravagante, navega entre el neohippy y el descuido gipsy look. Josep Abril ritualizó su propuesta del povera chic, que consiste en la entronización de la figura del mendigo dentro de las tendencias más actuales. Su inspiración de lo marginal se expresa en zona oscura, pantalones amplios y camisetas con aplicación frontal. Lydia Delgado recreó la madurez que vive en su estilo con los elementos que le son lenguaje y marca: el color negro, las grandes botonaduras decorativas, el bordado azabache y cristal negros, las faldas en evasé y a tiras; tuvo detalles brillantes, como los cuellos flamencos y la capa con doble esclavina y capucha. Delgado puede decirse que fue la mejor del día.

Carmen Calvo declaró que se trabaja en "un acuerdo para la formación de buenos profesionales y la unificación de la imagen de la moda fuera de España"; para ello se ideará un logotipo que subraye el diseño local y permita abrir nuevos mercados. Calvo puntualizó a preguntas sobre las discrepancias entre Cibeles y Gaudí: "Se puede convivir mientras que se sea efectivo. El mundo tiene pocas pasarelas y todas conviven".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 2005