El escenario entero se ha despejado para Diego Tristán. Tras la cesión de Pandini al Birmingham, que se cerró ayer de madrugada, el delantero sevillano se ha quedado solo en la punta de ataque del Deportivo. Ya nadie le mirará de soslayo desde el banquillo ni le arrojará insinuaciones impresas en las páginas de los periódicos. Tristán ya no tendrá que esperar al domingo para saber si el puesto será suyo o de un tipo como Pandiani que, por calidad, no le llega a los tacos de las botas, pero al que su instinto depredador le había bastado para relegarle al ostracismo. El 9 del Depor será ahora patrimonio exclusivo de Tristán, un privilegio que comporta obligaciones, como le recordó ayer su entrenador, Javier Irureta: "Es la última oportunidad para Diego".
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Acaba de cumplir 29 años y sigue ofreciendo la sensación de que nunca ha alcanzado todo lo que prometía. Tocó su cumbre en 2002, cuando jugó con España el Mundial de Asia, y desde entonces sólo ha dado tumbos pendiente abajo. De lo que un día fue Tristán no hubo rastro hasta hace diez días, cuando emergió en Riazor para comandar con dos goles el renacimiento del Deportivo ante el Espanyol. Esa tarde recuperó las constantes vitales y precipitó la decisión de Pandiani de forzar al club a ofrecerle una salida.
Sin el uruguayo, el Depor se queda únicamente con dos arietes puros, Tristán y Luque, aunque a este último Irureta prefiere situarlo en la banda izquierda. "También podemos utilizar a Munitis como segundo delantero", comentó el preparador vasco. "Pero la verdad es que hubiese preferido que se incorporase alguien para suplir a Pandiani". Como no hubo margen de tiempo, ya que la cesión del uruguayo al Birmingham se decidió con el plazo del mercado de invierno a punto de cerrarse, Irureta tendrá que encomendarse a Tristán.
Pese a los enfrentamientos públicos que han mantenido en varias ocasiones, el técnico ha mostrado en las dos últimas campañas una enorme paciencia con Tristán, a quien ha concedido una oportunidad tras otra desafiando los ataques de una parte del público y de la crítica. Llegado este momento, sin el aguijón de la competencia de Pandiani, Irureta ha hecho sonar la alerta para Tristán. Primero se le dijo en privado y luego lo repitió ante la prensa: "Lo que hace falta es que Diego no se lesione, porque esta es su última oportunidad. Ahora tendrá el puesto más garantizado y no lo puede desaprovechar".
Irureta negó que él hubiese pedido al club la salida del uruguayo después de que éste le descalificase en público hace dos semanas al acusarle de "lavarse las manos" ante la difícil situación del equipo. Pero el técnico reconoció que la marcha de Pandiani contribuirá a "serenar" a la plantilla. En su afán de forzar al Depor a que le dejase marchar, el uruguayo organizó la pasada semana un número circense ante las cámaras que cubrían el entrenamiento del equipo. Cuando arreciaban los comentarios sobre el interés por él de varios equipos ingleses, Pandiani se presentó conduciendo un viejo mini con una bandera británica pintada en el techo. La oferta con más fundamento, sin embargo, la presentó el Fiorentina, a quien el Depor llegó a enviar, en la tarde del lunes, la documentación para formalizar definitivamente el traspaso. "Estuvieron jugando con nosotros y con Pandiani, porque, en realidad, ya tenían decidido fichar a otro delantero cuando el acuerdo parecía cerrado", explicó el presidente del club, Augusto César Lendoiro. Aunque el Depor trató de retenerle tras la marcha atrás de los italianos, la insistencia de Pandiani logró que el club le cediese al Birmingham hasta junio.
Pocos le llorarán en la plantilla, porque sus arranques agresivos le habían granjeado muchas antipatías. Irureta también le reprochó los métodos empleados para persuadir al club de que le dejase marchar. "El fin no justifica los medios", sentenció el entrenador.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 2005