El petróleo de Kirkuk, que fluye a través del oleoducto del norte de Irak hasta Turquía, es la savia que nutre la economía del Kurdistán. Desde la caída de Sadam, la economía kurda se ha recalentado gracias a los ingresos del crudo, que retornan desde las refinerías turcas en forma de miles de camiones cisterna repletos del combustible que hace funcionar el país. A pesar de que la Comisión Electoral reiteró ayer que no informará sobre resultados hasta que no finalice el recuento de votos, la prensa del Kurdistán se ha apresurado a anunciar la victoria de la lista kurda en Kirkuk, con el 68% de los votos, frente a las minorías árabe y turcomana.
Para los partidos kurdos, que enviaron a más de 100.000 desplazados por la represión baazista a votar a la capital petrolera, no es negociable su anexión a la región autónoma. La mecha del enfrentamiento étnico entre las comunidades de la ciudad, asentadas sobre el 40% de las reservas petrolíferas iraquíes, puede estar a punto de prenderse.
El primer ministro turco, el islamista moderado Recep Tayyip Erdogan, advirtió ayer ante el Parlamento de Ankara de que Turquía, "con vínculos históricos y étnicos en la región", no permitirá "el estallido del caos". Erdogan acusó veladamente a EE UU de tolerar "acontecimientos antidemocráticos" en Irak. "Los acontecimientos que dañan la integridad territorial de Irak deben cesar para no avivar más la llama en la región", afirmó el primer ministro turco, que teme el nacimiento de un Estado kurdo al otro lado de la frontera.
Pero el fervor secesionista sigue reafirmándose en el Kurdistán. El Movimiento por el Referéndum, que organizó una votación paralela durante las elecciones del domingo, informó anoche de que el recuento de los 650.000 sufragios emitidos en Erbil arrojaba un 90% a favor de un Kurdistán independiente, frente a un 10% de partidarios de seguir unidos a Irak.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 2005