El Partido Demócrata de Estados Unidos necesita a un nuevo Bill Clinton -lástima que Naciones Unidas se haya adelantado ayer nombrándole enviado especial de Kofi Annan para la catástrofe en Asia- que sea capaz de afrontar las consecuencias del tsunami político sufrido en las elecciones del pasado noviembre.
Para saber si existe -y si es mujer, y si se apellida también Clinton, como la senadora de Nueva York- es demasiado pronto. Faltan dos años para las elecciones legislativas y tres para las primarias, y aún no se ha producido el gran debate sobre la estrategia, y mucho menos sobre la próxima candidatura. Lo que sí está ya encima es la elección del nuevo presidente del partido, y la dirección está nerviosa. ¿Es Howard Dean el hombre? Y en caso de ser así, ¿es la catástrofe o la salvación del partido?
Los 447 miembros del Comité Nacional deberán decidirse para el próximo día 12
El ex candidato presidencial y ex gobernador de Vermont ha dado un enorme paso adelante al conseguir el respaldo de la asociación de líderes demócratas de los 50 Estados. La ejecutiva de la asociación votó el domingo pasado, y Dean quedó el segundo detrás de otro de los siete aspirantes, Donnie Fowler, pero el pleno del lunes demostró que Dean tiene más seguidores.
Nada más conocer la decisión, otro de los rivales, el afroamericano Wellington Webb, se retiró y respaldó a Dean, que ayer se entrevistaba con los sindicatos. "Hemos dado un paso importante, pero no pararemos hasta el final", dijo. La decisión es el próximo día 12, y cada vez parece más claro que los 447 miembros del Comité Nacional no tendrán más remedio que elegirle, a no ser que el movimiento que ya funcionó hace un año -cualquiera menos Dean- se organice y apoye a un solo candidato el 12 de febrero. Para ser presidente hace falta la mayoría de los 447 votos.
La cuestión no es menor, porque el presidente -que automáticamente se elimina de la lucha por la candidatura- juega un papel importante en la reorganización y en la fase final de selección del candidato. Dean resucitó a los demócratas en el año 2003, pero ganó una sola de las elecciones primarias -la de su Estado de Vermont- porque la inmensa mayoría creyó que la opción de John Kerry era mejor para derrotar a George W. Bush.
Sus adversarios creen que Dean acabará de afianzar la imagen izquierdista del partido y complicará las perspectivas para las elecciones de 2008. Dean es un moderado en política económica y social, pero fue el único candidato contrario a la guerra de Irak, y eso movilizó a muchos de sus seguidores. Pero dirigentes como Will Marshall, del Consejo de Liderazgo Demócrata -el think tank que lanzó a Clinton-, creen que hay que "empezar a construir una nueva mayoría de progreso" que resuelva las ambigüedades sobre la política de seguridad y antiterrorismo y que eso no pasa por poner a Dean al frente del partido.
Sus partidarios creen que la dirección ha perdido contacto con la realidad, que el desplazamiento al centro reforzará aún más a los republicanos y que Dean es el único que puede devolver la moral y la ilusión a los demócratas. El candidato se empleó a fondo el domingo ante sus seguidores, pero no está claro que el partido pueda tener grandes esperanzas electorales con mensajes como éste: "¡Odio a los republicanos y a todo lo que representan!".
Según el comentarista conservador Robert Novack, hay destacados demócratas con mucho dinero que estarían listos para "cortar sus lazos" si Dean es presidente. Pero el ex candidato de la primarias ya demostró su capacidad de recaudar fondos a través de Internet. Otro potencial conflicto, con Dean en la presidencia, sería el choque de intereses con los Clinton si Hillary se lanza a la carrera, y cada vez hay más señales de que lo está haciendo.
A corto plazo, además, los demócratas tienen que aclarar sus estrategias en política nacional -reformas de pensiones, fiscalidad, inmigración y daños y perjuicios- y sobre todo en política exterior e Irak.
El nuevo líder en el Senado, Harry Reid, ha dicho que "las elecciones fueron un hito"; el senador Edward Kennedy cree que "el objetivo de Estados Unidos debe ser completar la retirada en el año 2006". Reid considera que los norteamericanos ya aprendieron "en los Balcanes que no es inteligente establecer calendarios, porque para lo único que sirven es para reforzar a los que no quieren que Estados Unidos esté allí".
John Kerry, que no renuncia a nada -incluidas las elecciones de 2008-, no ha definido bien su opción por el momento. Y si Howard Dean es presidente del partido, lo más probable es que una su voz a la de Kennedy y el ala más liberal de los demócratas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 2005