Mientras el comunismo pierde terreno en los países que lo engendraron, en las cumbres del Himalaya crece con virulencia la guerrilla maoísta, que, a inspiración del desmantelado Sendero Luminoso peruano, pretende la instauración de un Estado comunista igualitario en Nepal.
La guerrilla nacida en 1996 del desencanto de algunos políticos con la vida parlamentaria y la perenne pobreza del campesinado se ha hecho fuerte en amplias zonas del país y su control de la situación le permitió en diciembre pasado mantener un bloqueo de una semana sobre Katmandú. Los expertos señalan que cuenta con entre 10.000 y 15.000 hombres armados.
Sus líderes Baburam Batarai y Kushpa Kamal Dahal, conocido como Prachanda, se han negado en repetidas ocasiones a discutir la paz con el Gobierno del ayer destituido Sher Bhadur Deuba, con el argumento de que éste no tenía "el poder real". La guerrilla pretendía negociar con el monarca o con el Ejército, ya que estas dos instituciones son las que según ellos ostentan la autoridad.
Durante los últimos meses, los ataques maoístas y enfrentamientos entre los rebeldes y el Ejército y la policía nepalíes se incrementaron considerablemente. Un portavoz militar anunció la semana pasada que habían dado muerte a 150 supuestos rebeldes maoístas en un enfrentamiento ocurrido en el distrito de Kailali, a unos setecientos kilómetros al oeste de Katmandú. La ofensiva militar ocurrió tres días después de que los rebeldes mataran a 17 agentes en dos emboscadas separadas en esa zona.
La estrategia de la guerrilla nepalí, a imitación de la peruana, consiste en destruir las instituciones gubernamentales en las zonas rurales y sustituirlas por representantes del "régimen campesino revolucionario". Son implacables en su exigencia de lealtad. Amnistía Internacional acusa a los rebeldes de efectuar numerosas ejecuciones sumarias.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 2005