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OPINIÓN DEL LECTOR

Desequilibrios

El elevado encarecimiento de la vivienda es un hecho indiscutible en los últimos años. Independientemente de los motivos que han generado dicho fenómeno, ya sean factores de demanda o de oferta, el impacto sobre las decisiones y capacidad de gasto en el tiempo de los hogares ha sido enorme.

Es cierto que ha habido una evidente mejoría en las condiciones de financiación desde mediados de los noventa, derivada de menores tipos de interés, de la competencia entre entidades crediticias y del alargamiento en los plazos de los préstamos.

Sin embargo, esto no resulta suficiente para justificar situaciones de desequilibrio entre generaciones.

Las familias que adquirieron hace 10 años sus viviendas tienen una carga hipotecaria muy inferior a la que asumen los adquirentes hoy, probablemente propietarios de una casa de menores dimensiones, más alejada del centro de la ciudad,...

Además, aquellos hogares se verán liberados de sus obligaciones financieras mucho antes que los nuevos endeudados de nuestros días.

La capacidad de consumo no se resiente sólo en el presente, sino que afectará al futuro, tiempo en el que no se puede descartar que en alguna herencia vayan incluidas las últimas cuotas de un préstamo hipotecario.

La generación de jóvenes nacidos en los setenta y ochenta nos enfrentamos a severas dificultades para que la Constitución respire tranquila en el cumplimiento de su artículo 47.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 2005