Vivo en la esquina de Serrano con Príncipe de Vergara y cada fin de semana tenemos que soportar la doble fila, el estacionar en vados, en zonas para minusválidos, aceras..., amén de los pitidos y las discusiones que todo ello provoca.
Son las 1.23 de la madrugada y hemos contado más de 40 coches en doble fila, dos coches en vado y uno en zona de minusválido y nos hacemos una pregunta: ¿cuando llegue ésta persona con minusvalía, la cual habrá dado muchas vueltas para conseguir esa plaza, dónde deja su coche? En doble fila claro que no, porque seguro que a él se lo lleva la grúa.
Imposible dormir con el jaleo que hay, así que una noche más a ver la tele..., a leer..., o, lo más probable es que en breve el niño se me despierte con tanto ruido, y recemos porque no le pase nada que nos obligue a ir al hospital...
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 2005