Empecé a leer con interés, y después con gran sorpresa, la necrológica del profesor Francisco García-Valdecasas, puesto que se dedica exclusivamente a denigrar su figura. Todo lo que se le reprocha es de una época en la que yo estaba fuera de España; por tanto, no puedo opinar, pero me asombra que esta necrológica sólo mencione aspectos negativos y se olviden aspectos positivos como la gran figura farmacológica que fue el profesor García-Valdecasas.
Yo conocí a don Francisco, Curro, como le llamaba su cariñosa e inteligente esposa, cuando yo empezaba la carrera de medicina en el durísimo invierno del cuarenta. El profesor García-Valdecasas, de manera altruista, daba unas clases, a las que se podía asistir voluntariamente, sobre bioquímica, y donde, por primera vez, conocí algunos de los elementos básicos de esta ciencia. Fueron clases excelentes y muy elegantes. Sé por algunos de sus colegas, especialmente por el genio ya fallecido Pedro Puig, de su gran capacidad como farmacólogo. Además, uno de mis colegas de la Universidad de Kansas, allá por los años setenta si no recuerdo mal, pasó una temporada como becario posdoctoral con el profesor García-Valdecasas y me contaba que siempre, en los seminarios, las primeras preguntas, y preguntas muy incisivas, eran de don Francisco. Yo le recuerdo, pues, como estoy seguro al igual que otros muchos, con afecto y respeto.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 2005