Con una dejadez cercana a lo insolente, el Deportivo empató sin merecimiento en casa de un Getafe que a estas alturas de campeonato sigue igual de ingenuo. El Getafe, insistente y peleón, mandó en el césped, que no en el marcador, con muy poquita cosa, abusando de los pelotazos largos a Riki y con el multiplicado Craioveanu sacando todos los córners y faltas. Los madrileños, no se sabe si por la escarcha atmosférica no afinaban la puntería; los gallegos directamente no existían. Ni siquiera fueron una sombra del equipo que pasó por encima del Real Madrid hace unos días en Riazor.
Esa era la película hasta que, a cuatro minutos del descanso, Valerón surgió del triángulo de las Bermudas que formaban Gabi, Diego Rivas y Vivar Dorado en el centro del campo y se marcó tres paredes con Tristán. Los centrales, estupefactos, con sus cinturas convertidas en despojos, siguieron con la vista la jugada, y Aragoneses, vendido en el primer acción de peligro en su área, acompañó con un escorzo el disparo, a las mallas, cruzado y mordido.
GETAFE 1 - DEPORTIVO 1
Getafe: Aragoneses; Mario Cotelo, Albiol, Belenguer, Nano, Pernía (Medina, m. 80); Gabi, Diego Rivas (Kome, m. 63); Vivar Dorado; Riki y Craioveanu (Yordi, m. 80).
Deportivo: Munúa; Scaloni, Coloccini, Pablo Amo, Capdevila; Sergio, Duscher; Víctor (Munitis, m. 76), Valerón (Mauro Silva, m. 82), Luque (Fran, m. 63); y Tristán.
Goles: 0-1. M. 41. Valerón tira tres paredes con Tristán que desarbolan a la defensa y el delantero sevillano, sólo ante Aragoneses, pica el balón y marca cruzado. 1-1. M. 73. Gabi, de fuerte disparo que no ataja Munúa a la salida de una falta.
Árbitro: Muñiz Fernández. Amonestó a Diego Rivas, Luque, Duscher y Tristán.
9.000 espectadores en el Coliseum Alfonso Pérez.
Nada más hizo el cuadro de Jabo Irureta, que se limitó a guardar las apariencias. Enfrente tuvo un equipo que genera decenas de ocasiones pero lleva menos de un gol de media por partido. Las internadas de Riki por la banda, que se desfondó por ir siempre con la quinta marcha, no encontraron premio. El canterano del Madrid hacía la guerra por su cuenta. Le secundaba Craioveanu, el jugador con más peligro del Getafe pese a sus 38 años. Quién si no lanzaba fuera el primer remate de los locales. Era el resultado de uno de las innumerables centros de Riki, que en un cúmulo de despropósitos la zaga deportivista no acertó a despejar. El balón se paseó por el área, a Cotelo le faltaron pulmones y el veterano delantero del Este lo rebañó malamente.
Antes, Munúa despejaba a duras penas un trallazo suyo desde el balcón del área. El rechace le cayó a Pernía, que desaprovechó su posición aventajada, con el portero descolocado, bajando el esférico en vez de disparar de primeras. La pelota, cruzada, se fue rozando el palo. Ya en el segundo tiempo, Munúa volvió a interponerse en el camino de Craioveanu, desviando un disparo seco y raso entre una maraña de hombres. Como si le diera lástima, Coloccini se sumó a las infructuosas oleadas locales desviando con la puntera un balón bombeado que acabó en las manos de su portero. Fue una de las mejores ocasiones del Getafe; el asedio apenas daba trabajo a Munúa.
Hasta que Gabi dijo basta. Reclamó ser el protagonista en una jugada de estrategia a escasos metros de la frontal del área gallega. Gica la cedió a su espalda y el centrocampista cedido por el Atlético enganchó un disparo fuerte pero fácil de atajar para Munúa. Al menos esa era la impresión, pero el guardameta quiso llevarle la contraria a presentes y extraños cuando sus manoplas, en vez de repeler la ocasión, se doblaron.
El elaborado sistema táctico de Quique Flores volvió a pagar la falta de mordiente de sus puntas. Esta vez, al contrario de las excusas esgrimidas contra Osasuna, la culpa no la tuvo el césped. El Deportivo se llevó un premio excesivo. Sólo visitó con malas intenciones la finca de Aragoneses en una ocasión, la única que remató entre los tres palos y cantó gol. Nunca lo hizo fuera. Enfrente, extenuado, el Getafe volvió a remontar un gol después de un carrusel de oportunidades.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de marzo de 2005