Canciones de paz y de reconciliación canta Amal Murkus. Sabe de dificultades: árabe, cristiana y comunista, nació y vive en Israel; quinta de seis hermanas, asume su condición de mujer en un entorno de violencia cotidiana.
Murkus es un bien precioso por escaso. No sólo porque las voces palestinas han sido silenciadas por las balas y las piedras, también por la cálida serenidad de su canto. Palestina que canta en árabe, y ciudadana del Estado de Israel, lucha con valentía contra la exclusión y la marginación de su cultura en la sociedad israelí. Además, los países árabes no consumen productos etiquetados en Israel: feo panorama del que ella no ha querido escapar por la vía del exilio a Europa.
Amal Murkus
Amal Murkus (voz), Dakwer Nassem (laúd y violín), Fel Elmar (piano) y Doare Itamar (percusión). Círculo de Bellas Artes. Madrid, 1 de marzo.
Entró a capella. Luego, sobre un ritmo andalusí, cantó a esa mujer que ayuda a otras a escapar de la cárcel. Trajo historias, como la que se cuenta a los pequeños antes de dormir, del día en que alguien empezó a construir la casa de la familia piedra tras piedra. Algunas canciones pertenecen al folclor de Palestina o al repertorio árabe, como la de los tiempos de la ocupación otomana de Oriente Medio sobre un joven que se niega a alistarse en el Ejército turco, pero la mayoría son composiciones de su violinista con letras de poetas actuales. Una balada sobre los niños de los campos de refugiados le valió para explicar que las canciones de Palestina hablan siempre de anhelos, pérdidas y espera.
Hija de maestros, Amal Murkus creció oyendo a Om Kalsum, pero también a Joan Baez o a Mikis Theodorakis. Se ha dedicado a romper estereotipos. Siembra la esperanza de una coexistencia pacífica y una solución justa al conflicto. No está sola en la causa.
La han apoyado otros músicos de Israel: David Broza, Alon Oleartchik -que la invitó a cantar con él una canción sobre la paz en el momento más sangriento de la primera Intifada-, Yehudit Tamir o Noa. También Chava Alberstein ha compartido escenarios con ella.
Una anécdota: Amal y los tres músicos que la acompañan engrosaron la estadística de pasajeros de avión a los que les extravían el equipaje y tuvieron que actuar con lo puesto. Ya dijo ella que la memoria de los palestinos está en una maleta.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de marzo de 2005