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CARTAS AL DIRECTOR

El español y la UE

San Sebastián de los Reyes, Madrid

Somos muchos los convencidos de que entre los asuntos de importancia que España debe defender y negociar dentro de la UE destaca el hecho de que el español figure entre las lenguas denominadas "oficiales".

Los méritos y argumentos que lo respaldan son más que evidentes, al estar avalado por el habla de casi 400 millones de personas (tercera en el mundo), por ser la lengua oficial de al menos 20 países, algunos de mucha importancia para las relaciones económicas y culturales de la UE, y el estar en continua expansión.

No parece presentable ni legítimo el poner sobre la mesa argumentos como la introducción de racionalidad en las instituciones y la necesidad de disminuir los costes de traducción para, aprovechando las circunstancias, "acotar" arbitrariamente a tres las lenguas oficiales (inglés, alemán, francés), discriminando a otras como el español.

¿Cuál es el criterio racional y democrático que establece que las lenguas oficiales en la UE deban ser tres y no puedan ser en cambio sólo una, dos, cuatro, cinco o seis? Puestos a racionalizar y aplicar los principios democráticos, quizás lo propio sería elegir por referéndum las lenguas que queremos designar como oficiales.

Una comunidad como la UE, que aspira a jugar un papel relevante y ejemplar en el mundo, no puede permitirse el lujo de favorecer los intereses de quienes consideran suyas las instituciones para preservar sus privilegios y discriminar a cambio otros valores globales, tangibles y de futuro.

Estoy seguro de que no nos lo van a poner fácil, sobre todo quienes procuran siempre tener la menor competencia posible a su lado, pero no debemos permitir que nos callen con argumentos inconsistentes y retrógrados o con unos puntos más de fondos de cohesión.

Supongo que el Gobierno es consciente de lo que nos jugamos en este asunto y sabrá darle la prioridad que merece, poniendo en escena todos los recursos, apoyos y relaciones posibles para noser discriminados. No dejaría de ser una gran decepción y un fracaso para todos, incluidas las generaciones venideras.

Tarde o temprano los fondos de cohesión se van a acabar, pero nos quedará nuestra lengua, la de Cervantes y Don Quijote, con muchos centenarios que celebrar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de marzo de 2005