Juan M. Moro (Santander, 1960) es un grabador de oficio que descubrió la fotografía como medio de expresión cuando ésta se convirtió en digital y, casi al mismo tiempo, se le revelaron las posibilidades escultóricas de crear con esa tecnología. Las obras que presenta hasta el próximo 3 de abril en la sala de exposiciones de la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa de Vitoria son un fiel reflejo de ese interés por aprovechar las últimas tecnologías para ofrecer una fotografía que supere las dos dimensiones.
"Todo surgió en 2000, cuando me encargaron una exposición de un centro dedicado a la escultura", recuerda Juan M. Moro, quien aquel año había ganado el Premio Nacional de Grabado. Por entonces, el autor santanderino estaba estudiando las posibilidades de la fotografía digital. "Entre una cosa y otra, en lugar de presentar una serie de grabados, expuse una colección de cajas realizadas con imágenes retocadas que ya avanzaban mi interés por las posibilidades orográficas de la fotografía", recuerda.
No en vano, la exposición se titula De los pliegues. Las piezas que la componen tratan de reivindicar las posibilidades de manipulación física de la imagen en busca de sus sugerencias. Son fotografías plegadas que descubren nuevos paisajes que se esconden detrás, sin llegar a ser nunca collages. "La transición de las dos a las tres dimensiones la he vivido de una forma natural, aunque hoy todavía me sorprende cómo un grabador al estilo clásico se haya convertido en un manipulador de imágenes por ordenador", explica el artista.
"El ordenador ha sido un descubrimiento liberador", insiste. Las posibilidades que ofrece la fotografía digital la convierten en un medio muy cercano a las formulaciones plásticas tradicionales, como el dibujo o la pintura, "pero mucho menos duro que el grabado", apunta. Eso sí, no ha perdido las referencias que le ofrecía su antiguo oficio: "Mantengo la impresión sobre papeles de calidad, porque me sigue gustando disfrutar de la fusión de las tintas sobre el papel, el nacimiento de una obra nueva".
En la evolución en las formas que ha sufrido la obra de Juan M. Moro no ha sido ajena su reflexión sobre la situación del mundo contemporáneo. "Ya sé que hay un interés estético por la imagen fría y bidimensional. Por el contrario, si miro a la realidad, no veo más que accidentes, rugosidades, pliegues", comenta. Y para expresarlo, qué mejor que la imagen fotográfica. "Creo que toda fotografía contiene una potencia que va más allá de su habitual manifestación física en términos de tersura y planicie", insiste el autor de una obra que se puede encontrar en distintos museos y colecciones privadas, como las de la Calcografía Nacional, la Fundación BBVA o el Museo de Grabado Español Contemporáneo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de marzo de 2005