Pino Zamorano la armó bien gorda en el Camp Nou en un partido tan bien jugado por el Betis como mal afrontado por el Barcelona. Nada nuevo si se atiende al currículo del colegiado, que no da pie con bola, pite a los grandes o a los pequeños, igual de malo cuando mide entradas como las de Javi Navarro a Arango o sanciona penaltis como el que le concedió ayer a Belletti en pugna con Edú. A falta de sentido común, nunca se sabe de que será capaz Pino Zamorano cuando le da por parar el juego.
El arbitraje desmereció un encuentro taquicárdico en el Camp Nou. El Betis se sintió estafado y no necesitó más explicación que el acta: le señalaron dos penas máximas, y la segunda no lo era; le expulsaron a un jugador al cuarto de hora de manera discutible, y lo llevaron al empate en el último segundo del tiempo añadido, que se alargó nada menos que cinco minutos. A cambio, el Barça respondió que no había lugar para tanto lamento porque cuanto cobró el árbitro eran deudas, a corto o medio plazo, igual da, acciones que admitían la intervención de Pino Zamorano.
BARCELONA 3 - BETIS 3
Barcelona: Valdés; Belletti, Oleguer, Navarro, Sylvinho; Xavi (Gio, m. 74), Gerard (Maxi, m. 45), Deco; Giuly (Iniesta, m. 61), Eto'o y Ronaldinho.
Betis: Doblas; Melli, Juanito (Cañas, m. 75), Rivas, Fernández (Varela, m. 45); Joaquín, Arzu, Assunçao, Fernando (Lembo, m. 16); Edú; y Oliveira.
Goles: 0-1. M. 11. Fernando abre para Edú, que progresa por la izquierda y centra al segundo palo, y Joaquín cruza al palo contrario. 1-1. M. 13. Xavi mete para Deco, que cae derribado por Rivas; el penalti lo transforma Eto'o. 1-2. M. 39. Assunçao abre para Oliveira, que, después de un control orientado, gana a los centrales y cruza ante Valdés. 1-3. M. 61. Jugada de Oliveira, que asiste a Joaquín para que remate sobre la salida de Valdés. 2-3. M.80. Edú carga con Belletti, y el árbitro pita un penalti que transforma Eto'o. 3-3. M.95. Deco centra, Maxi no llega a la pelota y Gio mete la puntera ante Doblas.
Árbitro: Pino Zamorano. Expulsó a Rivas (m.13) y amonestó a Gerard, Deco -no jugará en el Bernabéu-, Edú y Joaquín.
Camp Nou: 83.352 espectadores.
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A los azulgrana les avalaron la perseverancia y la hombría con que pelearon la contienda. El tanto final de Gio no sólo fue celebrado por los barcelonistas como si fuera el del triunfo, sino que chafó la alegría del Betis. Los verdiblancos le habían fastidiado la tarde al Barça y llevaban camino de amargarle también la semana porque le aguarda un clásico que prefería obviar hasta el domingo a las siete, cuando se cruzará necesariamente con el Madrid. Aunque su ventaja en la tabla es tan amplia que aún se pueden permitir alguna licencia, los azulgrana se habían montado un partido a las cinco para finiquitar la Liga. Y no sólo no pudieron, sino que al final admitieron que más vale un punto que ninguno.
El Betis fue mejor equipo, tuvo un mayor y mejor control del partido y suyos resultaron los futbolistas desequilibrantes, con Oliveira a la cabeza, bien secundado por Joaquín. Juguetones y revoltosos, los verdiblancos sacaron de quicio a los azulgrana, demasiado acelerados, víctimas de su propia prisa, tremendamente frágiles.
El mayor problema del Barcelona fue que quiso jugar con grandeza sin reparar en que el equipo se le había quedado pequeño para un partido tan exigente. Abrió mucho el campo, le dio demasiada velocidad a la pelota y se partió por la mitad para suerte del Betis, igual de imparable cuando se quedó con uno menos. Las transiciones verdiblancas resultaron incontenibles por deliciosas, rápidas y precisas ante la impaciencia de los barcelonistas, escasos de defensas, incapaces de darle un punto de pausa y sosiego al encuentro, por no decir de gobierno, contagiados por la velocidad forastera.
Pocos equipos tienen jugadores tan escogidos para tirar la contra como el Betis. Oliveira, Edú y Joaquín son infalibles cuando se les concede campo y se enfrentan a un equipo defensivamente tan poco consistente como ayer fue el Barça con Navarro y Gerard. Privados de Puyol y Márquez, faltos de jerarquía, los azulgrana no supieron cerrarse por falta de repliegue y de contundencia. Quizá porque sólo contaban con un central y no había pivote, procuraron jugar en cancha ajena, apretar arriba para no tener problemas abajo, y se suicidaron. A cada pérdida de balón, el Betis respondió con una salida vertiginosa. Igual daba que atacaran a los laterales que los centrales, porque el Barcelona se vencía irremediablemente para desdicha de Valdés, expuesto a un martirio.
Defensivamente, el Barça continuó jugando igual de mal con los cambios, pero ganó presencia e intimidación ofensiva no por Ronaldinho, sino con Maxi. La pelota fue a menudo a la olla, y del árbol cayeron un penalti y un gol en dos jugadas avaladas por el árbitro por la misma regla de tres por la que pudo negarlas. El protagonismo del colegiado ayudó tanto a aliviar las penas azulgrana como a fumigar el duende del Betis, incapaz de explicarse el resultado sin hablar de Pino Zamorano. El árbitro estuvo tan mal como bien el Betis frente a un Barcelona lento atrás y acelerado delante.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de abril de 2005