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Crónica:FÚTBOL | 30ª jornada de Liga

El Madrid gana por accidente

Un rebote permite a Guti salir del medio centro, dirigir el contragolpe y dar el gol del triunfo a Owen

El Madrid es un equipo que no se reconoce en sí mismo. Hasta hace un año se caracterizó por la fragilidad defensiva y la eficacia ofensiva. Aquel perfil respondía a la idea que inspiraba una política determinada dentro del club. El Madrid de Albacete fue fiel a la última parte de su trayectoria: ahora no se defiende especialmente bien y ataca peor. Alcanzar el área rival, algo que hacía sin esfuerzo, es una quimera y sus jugadores interpretan papeles cambiados. En la versión actual, sus goleadores suelen ser sus defensas. Y si no es así es porque la jugada no responde a un plan, sino a un accidente del juego. Su segundo gol resumió este fenómeno. Un rebote permitió a Guti abandonar el medio centro al que fue confinado por el orden táctico, dirigir el contragolpe, oficiar de media punta, su puesto natural, y servir el último pase a Owen, que, asistido por fin de cara, definió perfectamente. Aunque Vanderlei Luxemburgo se apresuró a aplaudir desde la banda, la acción no estaba prevista en su libreta. En su libreta, Guti y Owen estaban desconectados. La conexión y el gol resultaron de un momento imprevisto. Un chispazo de espontaneidad.

ALBACETE 1 - REAL MADRID 2

Albacete: Valbuena; Santi, Buades, Mingo, Peña; Redondo, Viaud, Álvaro (Jaime, m. 73), Momo (González, m. 64); Pacheco y Rubén (Mikel, m. 77).

Real Madrid: Casillas; Salgado, Helguera, Samuel, Roberto Carlos; Figo (Borja, m. 79), Gravesen, Guti, Solari (Celades, m. 60); Owen y Ronaldo.

Goles: 1-0. M. 9. Redondo amaga un disparo dentro del área con la derecha, se deshace de Gravesen, y con la izquierda, de fuerte disparo, bate a Casillas. 1-1. M. 14. Figo saca un córner desde la derecha y Helguera cabecea. 1-2. M. 45. Guti, en un contragolpe, pasa a Owen que bate por bajo a Valbuena.

Árbitro: Undiano Mallenco. Amonestó a Guti, Samuel, Viaud y Pacheco.

Unos 15.500 espectadores en el Carlos Belmonte.

El equipo madridista saltó espoleado por el empate del Barcelona en el Camp Nou

A Luxemburgo no le gustan los extremos. Tampoco ver a Guti en la media punta

El Madrid saltó espoleado por el empate del Camp Nou. De pronto, cuando las vacaciones cobraban forma y la competición se desdibujaba, se presentó una oportunidad de engancharse a la Liga. Fue la ocasión de volver a la pelea justo cuando falta una semana para recibir al Barça. La urgencia de aprovechar la coyuntura tuvo una repercusión adversa. No se sabe si por ansiedad o por problemas estructurales, el Madrid se desarmó. Un gol anulado a Ronaldo por un fuera de juego dudoso, en los primeros minutos, contribuyó al agobio. Y, en pleno ataque de ansiedad, las jugadas a balón parado propiciaron errores y despistes. La defensa se aculó contra Casillas y el centro del campo perdió las marcas. Un balón rechazado cayó en Redondo, que remató con fortuna. La pelota pasó por debajo de las piernas de Samuel, Helguera y Casillas. Tres caños sucesivos y el Albacete abrió el marcador.

Con un gol en contra, el Madrid se vio abocado a un esfuerzo tremendo: rematar a puerta. subir al K-2. Como viene ocurriendo, el que subió y marcó gol fue un defensa. Helguera cabeceó a la red un córner y reeditó la historia. Desde el 5 de marzo, cuando Ronaldo marcó en Mestalla, los goles madridistas habían sido obra suya y de Roberto Carlos. Extraña. Pero como dijo Luxemburgo: "Quien diga que a este equipo le cuesta marcar goles busca pelos en un huevo". Según el entrenador, en su Madrid no sólo marcan los delanteros. Marcan todos. Esto es lo que dice. Y su esquema preferido, aplicado ayer, es el 4-2-2-2.

A Luxemburgo no le gustan los extremos. Tampoco ver a Guti en la media punta. Para acomodar este criterio, nada mejor que el 4-2-2-2. Así, Guti actuó en el medio haciendo pareja con Gravesen; Figo y Solari se situaron por delante, tirando diagonales hacia adentro, y Ronaldo y Owen más allá, achicándose los espacios y facilitando el trabajo a la defensa rival. Como la cabra tira al monte, la consecuencia también fue natural. Owen, que no sabe jugar de espaldas, se quedó descolgado; Ronaldo, que no tuvo pasador, perdió contacto con el juego o recibió la pelota a 30 metros del área, y Figo se cambió de banda con Solari unas diez veces y por más pases interiores que intentó en pocos logró una relación fructífera con los atacantes. Por detrás, Gravesen defendió a destiempo, confundiendo su rol con el de Guti. El danés vio llegado el momento de retomar su carrera como volante ofensivo. Y se fue en busca del desmarque dorado, pero no lo encontró. Detrás, pegado a los centrales, se quedó Guti, intentando dirigir a un Madrid descalabrado. A tantos metros del área adversaria, la capacidad pasadora de Guti quedó neutralizada.

El Madrid estaba en un aprieto. Con el empate a uno, el Albacete le había robado el balón. Para los locales, sólo Ronaldo representaba una amenaza. Pero ocurrió un accidente. Y Guti lo aprovechó para dar a Owen el gol de la victoria. Fuera de este segmento, las cosas transcurrieron como mandan los cánones de Luxemburgo. La nunca bien ponderada flor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de abril de 2005