El jefe del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, tratará de iniciar hoy en su reunión en La Moncloa con el lehendakari en funciones, Juan José Ibarretxe, una nueva etapa en las relaciones entre los Ejecutivos central y vasco, para terminar con la violencia y superar el enfrentamiento entre nacionalistas y no nacionalistas que se inició en 1998 con el Pacto de Lizarra, suscrito por el PNV y Batasuna, con el aval de ETA. Ibarretxe da gran importancia al encuentro por el mero hecho de que se produzca, pero decidió no hablar a su término.
La Moncloa confía en que Ibarretxe tenga en cuenta que la "situación política en Euskadi ha cambiado", que los resultados de las elecciones vascas, muy fragmentados, dieron una mayoría precaria al PNV-EA (29 diputados, sobre 38 de la mayoría absoluta), y se avenga a "trabajar por la convivencia y la búsqueda de la paz" con el Gobierno central. La pretensión de Zapatero es que Ibarretxe se comprometa a constituir una ponencia parlamentaria para reformar el Estatuto vasco con la participación de todos los partidos democráticos, lo que supone la renuncia en la práctica del plan Ibarretxe, rechazado el 2 de febrero por las Cortes españolas.
Pero el presidente pretende también contar con el lehendakari en funciones ante una hipotético proceso de paz en Euskadi. Hoy, Zapatero e Ibarretxe intercambiarán información sobre la situación de ETA y las posibilidades de un final de la violencia.
La víspera, Ibarretxe sostuvo una reunión de dos horas, en Ajuria Enea, con representantes de la ilegalizada Batasuna. El Gobierno, aunque hizo constar la ilegalidad de ese encuentro, lo atribuye a "la necesidad de Batasuna de estar presente en un escenario en el que la paz puede estar en el horizonte".
El Ejecutivo de Zapatero sabe que las claves del final de la violencia pasan por ETA y el propio Gobierno. No obstante, Zapatero quiere recabar el mayor número de apoyos entre las instituciones y partidos democráticos ante este hipotético proceso de paz y, por ello, pretende contar con el lehendakari y, en su momento, con el líder de la oposición, Mariano Rajoy. Ayer, el portavoz parlamentario del PP, Eduardo Zaplana, mantuvo un discreto silencio sobre esta cuestión, que adobó con la expresión: "El presidente del Gobierno es imprevisible".
Pacto de convivencia
Ibarretxe, que acude a La Moncloa en calidad de lehendakari en funciones y con su investidura sin garantizar, lleva bajo el brazo el objetivo declarado de que el encuentro sirva para "abrir camino a un proceso de paz y de normalización política" que debería concluir en un "pacto de convivencia". La duda que aún puede planear sobre si será él quien pilote la próxima etapa en Euskadi -pues aún no ha sido investido- no ha sido impedimento, ni para el encuentro en sí, que solicitó el lehendakari, ni para que Ibarretxe le haya dado ya proyección de futuro. Ayer aventuró, en un comunicado de su oficina de prensa que conoció antes La Moncloa, que detrás del encuentro vendrán "otros muchos" y que se darán "en un clima de entendimiento".
Ibarretxe expondrá al presidente del Gobierno su convencimiento de que todas las fuerzas, incluida Batasuna, deben ser "protagonistas y artífices" del futuro diálogo y le planteará la necesidad de que la formación ilegalizada pueda concurrir a las elecciones municipales de 2007.
Es de esperar que le manifieste también sus intenciones acerca de su proyecto de libre asociación, que aprobó el Parlamento vasco el 30 de diciembre, y que fue el motivo de su anterior visita en enero. Contra lo que ocurrió entonces, Ibarretxe no ha querido esta vez comparecer ante los periodistas al término del encuentro. Sus colaboradores justifican esta actitud en el deseo de "abrir una nueva fase política" ante la que Ibarretxe piensa que su mejor contribución es "no realizar declaraciones". El presidente vasco en funciones tenía una difícil papeleta para explicar, en el mismo escenario de sus reivindicaciones de enero, el lugar en el que queda el plan Ibarretxe tras perder su candidatura cuatro escaños en las elecciones. En su comunicado de ayer pidió a los medios informativos "comprensión" para esta decisión suya de no hablar, como "contribución responsable" de los medios de comunicación a la tarea de hacer posibles "la paz, la reconciliación y la normalización política". Ajuria Enea quiere evitar lo que considera "polémicas estériles" en torno a lo que cada cual puede interpretar como renuncia del otro o humillación propia. Las mismas fuentes aseguraron que Ibarretxe no planteará a Zapatero nada relativo a sus problemas para ser investido y señalaron que esto deberá resolverse en Euskadi.
Por otra parte, el Gobierno de Navarra exteriorizó ayer su "absoluta indignación" y "profundo malestar" por la entrevista entre Ibarretxe y Batasuna, que le pidió que lidere un proceso de diálogo que vincule a esa comunidad, informa Mikel Muez.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de mayo de 2005