El catedrático de Heidelberg de 62 años y ex juez del Tribunal Constitucional Paul Kirchhof, padre de cuatro hijos, es la estrella y la persona más controvertida de la campaña electoral alemana. La candidata democristiana (CDU/CSU), Angela Merkel, consiguió un golpe de efecto el 17 de agosto cuando sorprendió a todos al presentar a Kirchhof como futuro ministro de Hacienda de su Gabinete si gana las elecciones.
Durante sus 12 años en el Tribunal Constitucional de Karlsruhe se ganó Kirchhof la fama de ser "el juez más caro de Alemania", el terror de Theo Waigel, el entonces ministro de Hacienda del Gobierno demoliberal (CDU/CSU-FDP) del canciller Helmut Kohl. Los fallos judiciales de Kirchhof a favor de la familia y la protección de los hijos costaron muchos millones al presupuesto alemán. Obligado a cumplir con las sentencias del Constitucional, el ministro de Hacienda tenía que abrir la caja. Después, Kirchhof se convirtió en un paladín de la simplificación de la jungla fiscal alemana con su propuesta de una tarifa plana de impuesto sobre la renta: un 25% para todos y supresión de las posibilidades de deducción vigentes. El catedrático de Heidelberg estima que hay por lo menos 418 posibilidades de deducción fiscal.
Las propuestas del asesor de la candidata provocan inquietud y confusión en la CDU
En un primer momento, la designación de Kirchhof le dio puntos a Merkel. El congreso de la CDU aclamó al profesor, que no está afiliado al partido. Las ovaciones se repetían en cada una de sus apariciones en mítines y reuniones. Había nacido una estrella, la expresión palpable de la voluntad de Merkel de renovar las estructuras de la economía alemana.
Antes de su designación como miembro del equipo de Merkel, Kirchhof criticó los planes de la CDU/CSU de subir el IVA. El profesor aseguró que aceptaba el programa, aunque no coincidía del todo con sus ideas. Se mostró Kirchhof dispuesto a descender a la arena política y defender los planes fiscales de la CDU/CSU porque se cumple así el sueño de poner en práctica su visión. "La pelota está en el punto de penalti y tengo ocasión de meter gol", dijo el profesor. Aunque tuviera que renunciar de momento a aplicar sus tesis y conformarse con lo que contiene el programa democristiano, Kirchhof se comprometió a esperar una posterior legislatura, después del 2009, para llevar adelante el resto de su visión.
El canciller federal socialdemócrata, Gerhard Schröder, y el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) encontraron en Kirchhof el instrumento para poner de manifiesto los contenidos antisociales del programa de Merkel. Kirchhof les facilitó las cosas. Poco avezado en las servidumbres de la lucha política, el profesor pisó cuanto excremento encontraba al paso y facilitó así munición al adversario. Schröder convirtió a Kirchhof en blanco de sus ataques. El canciller lo llama "ese catedrático de Heidelberg" que pretende equiparar a la hora de cotizar al fisco a la mujer de la limpieza con el director general.
Schröder y el SPD consiguieron que el tema de la tarifa plana del impuesto sobre la renta, un 25% para todos, que propone Kirchhof, se convierta en objeto de debate y no la escalonada, de un 15% a un 39%, que figura en el programa de la CDU/CSU. En su duelo en la televisión contra Merkel y en el último pleno ante el Parlamento Federal, Schröder repitió la frase: "Los 82 millones de alemanes no pueden convertirse en conejillos de indias para los experimentos del catedrático de Heidelberg".
El arma secreta de Merkel amenaza con convertirse en un bumerán que, una vez consumido el efecto inicial de su designación, le cueste votos en vez de aportarlos. En las filas de la CDU/CSU las propuestas de Kirchhof sembraron confusión. Los sectores sociales democristianos y el partido hermano, la Unión Social Cristiana (CSU) de Baviera, ya manifestaron inquietud ante las declaraciones del profeso. Defiende Kirchhof sus planes de tarifa plana y el programa democristiano con el argumento de que los actuales tipos impositivos son una ficción.
Algunos justificados, como la subvención al trabajo nocturno o los días festivos, y otros un verdadero coladero, como la financiación de películas o de barcos en Corea que suponen pérdidas y posibilidades de deducirlas de la deuda fiscal. Kirchhof argumenta a favor de su idea: "Se tapan los agujeros para escapar y no es cierto que todos paguen igual: el que gana un millón de euros paga 250.000, y el que gana 10.000, sólo 2.500".
Con más de 1,90 de estatura y un aire profesoral, tiene Kirchhof el encanto de un político sin resabios, amable y suave, pero defensor firme de sus convicciones. En una reciente reunión con corresponsales extranjeros en Berlín, respondió Kirchhof a la pregunta de si no teme provocar con sus tesis fuertes pérdidas de voto a la CDU/CSU. Kirchhof sostuvo: "Soy consciente de que con mi programa de impuestos puedo tener una aportación esencial a que la CDU/CSU gane las elecciones. Esto lo sabe también el adversario político, y por eso intentan poner en tela de juicio el programa". Añade Kirchhof: "Se trata de una reforma que aporta más transparencia y sinceridad".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de septiembre de 2005