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Reportaje:

Bush rebaja sus aspiraciones

El presidente se muestra modesto y conciliador en el discurso sobre el estado de la Unión

La habitual audacia de George W. Bush, demostrada en casa y en el exterior en los últimos cinco años, dio paso a un programa más modesto en el discurso sobre el estado de la Unión de la madrugada de ayer. Con un margen de maniobra menor que el de hace un año y unas complicadas elecciones legislativas en noviembre, el presidente fue más conciliador, defendió la búsqueda de alternativas al petróleo y alertó contra cualquier tentación de "replegarse" dentro de las propias fronteras. Bush se asomó al importante escaparate del discurso después de su peor año desde que llegó a la Casa Blanca.

Consciente de la polarización, el presidente pidió calma -"no podemos permitir que nuestras diferencias se hagan tan inflexibles que acaben convirtiéndose en ira"- y habló de lo que preocupa a la gente. Ante la realidad de la gasolina cara, animó a un país "adicto al petróleo" a que rompa con esa dependencia -más fácil decirlo que hacerlo- y empiece a buscar en serio alternativas; la posibilidad de extracciones en Alaska quedó en el olvido y, en su lugar, el presidente habló de nuevas tecnologías y opciones energéticas.

Para hacer frente a los retos de competitividad "de India y China", se comprometió a gastar en los próximos 10 años 136.000 millones de dólares (112.582 millones de euros) y duplicar así el presupuesto de investigación, y a reforzar la enseñanza de los jóvenes con 70.000 profesores y 30.000 científicos.

Su ambicioso plan de privatización parcial de las pensiones quedó sustituido por una humilde comisión para explorar el manejo de los crecientes costes de jubilación y la cobertura médica para ancianos, discapacitados y pobres. Bush repitió su llamamiento a favor de recortes fiscales permanentes, a pesar del desequilibrio presupuestario, y lanzó propuestas de incentivos fiscales para los seguros médicos y de intento de control de gastos.

Bush no retrocedió en su justificación de las escuchas "que han contribuido a evitar atentados terroristas", y aseguró que "otros presidentes han usado la misma autoridad constitucional que yo". Hacia el exterior, el presidente reiteró las claves de la guerra contra el terrorismo y abogó por no caer en el aislacionismo. "Lejos de ser un sueño sin remedio, el avance de la libertad es la gran historia de nuestra era", dijo, para añadir que "el radicalismo islamista" hace que "una noble religión se convierta en una ideología de terror y muerte"; pero "Bin Laden y otros se equivocan: amamos la libertad, lucharemos para mantenerla. (...) No encontraremos la seguridad si abandonamos nuestros compromisos y nos replegamos dentro de nuestras fronteras. No hay paz ni honor en la retirada. Si permitimos que el islamismo radical haga su voluntad, dejando que el mundo agredido se defienda por sí mismo, enviaríamos el mensaje de que ya no creemos en nuestras ideas".

El presidente señaló a Hamás que debe "reconocer a Israel, desarmarse y rechazar el terrorismo", celebró las elecciones en Egipto y Arabia Saudí y dijo que "las democracias en Oriente Próximo no se parecerán a las nuestras, porque reflejarán sus tradiciones, pero la libertad es el futuro de todos, porque es el derecho y la esperanza de la humanidad".

Ambiciones nucleares

El presidente repitió sus avisos contra las ambiciones nucleares de Irán, "rehén de una pequeña élite de clérigos que aíslan y reprimen a su pueblo", y envió un saludo a los iraníes: "Estados Unidos respeta vuestro derecho a elegir el futuro y ganar la libertad", manifestó.

El presidente Bush gustó, si las encuestas inmediatas son acertadas. Según la cadena de televisión CBS, fue bien acogido por tres de cada cuatro estadounidenses. Para Gallup, el 75% tuvo una reacción positiva o muy positiva, y el 24%, negativa. Pero al presidente no le va a ser fácil recuperar la confianza perdida, porque pesa la incertidumbre sobre Irak, la falta de reflejos tras el paso del huracán Katrina y los escándalos de corrupción de algunos líderes republicanos en el Congreso.

Para extraer el máximo beneficio del discurso, el presidente Bush se embarcó ayer en una rápida gira que le llevará a cuatro Estados antes del fin de semana. A medio plazo, su objetivo es enderezar la situación y limpiar el partido a tiempo para afrontar las legislativas de noviembre, en las que los demócratas aspiran a recuperar alguna de las dos Cámaras.

Cindy Sheehan, madre de un soldado muerto en Irak y bandera de la contestación más agresiva contra la guerra de Irak, había sido invitada a la tribuna por una congresista demócrata. Cuando se sentó, se quitó el abrigo y dejó al descubierto una camiseta con mensajes antiguerra. La policía del Capitolio le dijo que eso estaba prohibido en el recinto y le pidió que se cubriera, pero ella se negó. Detenida y desalojada, fue después puesta en libertad.

EL DISCURSO ANTE EL CONGRESO

-"No encontraremos la seguridad si nos replegamos dentro de nuestras fronteras", dijo Bush ante la Cámara

-El presidente aseguró que los ciudadanos iraníes "son rehenes de una pequeña élite de clérigos"

-Bush justificó las escuchas porque, dijo, han evitado atentados

-Tres de cada cuatro ciudadanos acogieron bien el discurso, según las encuestas

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de febrero de 2006

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