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Reportaje:

Los Hermanos Musulmanes acarician el poder

El éxito electoral de los islamistas no altera la hegemonía del partido de Mubarak, pero suscita recelos en muchos sectores

"El éxito de los Hermanos Musulmanes me plantea un dilema", admite Hafez Abu Seada. "Como activista de los derechos humanos defiendo su derecho a participar en la vida política, pero estoy preocupado porque no tienen una historia de respeto a la democracia". El secretario de la Organización Egipcia de Derechos Humanos refleja los recelos de buena parte de la clase media y de los intelectuales hacia el triunfo islamista. Pero a pesar del ruido mediático, no parece que su conquista de una quinta parte del Parlamento haya traído grandes cambios a la vida política de Egipto.

"Las elecciones no han creado una situación nueva, sólo han descubierto un estado de cosas: la fuerza de un grupo que sea ha construido al margen de la ley y la debilidad de los partidos políticos frente al monopolio de poder del PND [el partido gobernante]", manifiesta Abu Elela Mady, uno de los impulsores del movimiento por el cambio (Kifaya) y fundador de Al Wast, un partido pendiente de legalización. En opinión de Mady, los comicios celebrados el año pasado "sólo han sido un decorado para mostrar a Occidente que si se implanta una verdadera democracia, los Hermanos Musulmanes se harán con el poder".

"Vamos a promover reformas para cambiar el sistema", dice un portavoz del grupo

La actitud del Gobierno de Hosni Mubarak refuerza esa convicción. "Han retrasado las elecciones municipales porque nos tienen miedo", interpreta Mohamed Saad el Katatani, portavoz de los 88 diputados afiliados con los Hermanos Musulmanes, que se presentaron como independientes ya que no están reconocidos como partido político.

"Nuestro movimiento es muy activo localmente y temen que si celebran comicios verdaderamente democráticos, podamos llegar a hacernos con la presidencia", añade convencido el mismo portavoz.

"El ascenso de los Hermanos Musulmanes ha sido una decisión política, aunque a todos nos ha sorprendido su eficacia porque la mayoría de sus candidatos eran perfectos desconocidos en sus distritos y aún así lograron motivar a los votantes", concurre Mahmud Abaza, miembro de la dirección del Wafd, el viejo partido liberal que apenas ha logrado seis escaños. "Ahora van a tener que afrontar la realidad, pero los ejemplos conocidos [de gobierno islamista] se han traducido en menos libertad, igual de corrupción y más irresponsabilidad", desconfía Abaza.

"Vamos a promover reformas para cambiar el sistema político", declara El Katatani. Aunque muchos egipcios recuerdan la vinculación de la cofradía con el terrorismo (al que renunció en los años ochenta), los recelos se refieren sobre todo a su intención de islamizar la sociedad. El flamante diputado sonríe: "No, no, ése no es nuestro objetivo". El control de una quinta parte del Parlamento les convierte en la primera fuerza de la oposición, pero no les permite aplicar su programa. "Vamos a concentrarnos en mejorar la educación y en las leyes contra la corrupción", asegura.

De momento, son sólo buenas intenciones. En los dos meses y medio de actividad parlamentaria transcurridos desde la inauguración de la Asamblea del Pueblo, no ha habido ocasión de verlo, pero los diputados de la cofradía han adoptado causas políticas y no de orden religioso, fuera hace unos meses el paso del portaaviones francés Clemenceau por aguas del Canal de Suez o el hundimiento del ferry Al Salam en el mar Rojo, el pasado tres de febrero, que acabó con un balance de un millar de pasajeros ahogados o desaparecidos.

"Todos los partidos tienen una agenda ideológica, pero hasta ahora [los Hermanos] se han comportado con responsabilidad, discutiendo las cosas seriamente, sin provocaciones", señala Diaa Rachwan, investigador del Centro de Estudios Estratégicos de Al Ahram.

"No se ha visto aún una política específica", corrobora Husam Tammam, autor de un reciente libro sobre el movimiento islamista egipcio. "En los asuntos del Clemenceau o del ferry", señala como ejemplo, "no fueron los únicos en votar en contra del PND, también otros independientes y miembros de la oposición lo hicieron, incluso algunos muy cercanos al poder".

En opinión de Tammam, la entrada de los Hermanos en la política "refuerza al régimen". "No introduce cambios porque no tienen un proyecto distinto de Estado", explica, "la religiosidad se da en todos los partidos y ahora hay activistas más importantes de lo religioso, como los tele predicadores". La clave para este estudioso es que no han hecho frente al sistema sino que se han adaptado. "Lo dejaron claro el primer día cuando votaron con todos los partidos para la reelección por cuarta vez del presidente de la Cámara, Ahmed Fathi Surur", concluye.

"El único cambio que he visto hasta ahora es que el resto de las fuerzas, lo reconozcan o no, han tomado nota de los resultados y están reorganizando sus estructuras", apunta el sociólogo y activista pro democracia Saadedín Ibrahim. Él, como el resto de los consultados coincide en el cambio pendiente es la apertura de la vida política a un verdadero multipartidismo. "Se necesita un clima de mayor libertad para que todos los partidos tengan posibilidades", reclama Mady.

"La mayoría de los egipcios tememos que los Hermanos Musulmanes se hagan con el poder, pero de momento son la única alternativa a un sistema completamente corrompido", concluye una arquitecta

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de marzo de 2006