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Entrevista:JOSÉ ALCAMÍ | Investigador en vacunas contra el sida

"No sabemos si una vacuna será posible"

Lleva más de cinco años investigando en el Instituto Carlos III de Madrid sobre las vacunas contra el sida. Pero el médico valenciano José Alcamí, de 49 años, no cree que se pueda poner un plazo para este hallazgo. "No sabemos ni si será posible", dice. España se ha incorporado tarde a este proyecto, pero Alcamí espera que se pueda recuperar el tiempo. La última convocatoria de becas del Fondo de Investigación Sanitaria ha definido la vacuna contra el sida como una prioridad.

Pregunta. ¿Por qué no se consigue esta vacuna cuando se obtiene una cada año contra la gripe, que tiene un gen más?

Respuesta. El VIH es el mejor conocido de todos los virus, pero se han ido rebajando las expectativas. Ésa es la realidad. No sólo eso. Para mí el dato más terrible es que no hay un solo animal de experimentación que haya sido protegido de la infección por ningún prototipo de vacuna. Lo que hemos aprendido en estos 20 años es que estamos ante un problema nuevo, que no se puede abordar con las metodologías clásicas, y ante un problema en el que dar fechas sería insensato y además un error. Lo único que podemos decir es que no sabemos si una vacuna será posible.

"El dato más terrible es que no hay un solo animal que haya sido protegido de la infección por ningún prototipo de vacuna"

P. ¿Cuál es la causa?

R. La primera es que el virus destruye el propio sistema inmunológico. Si ya de entrada realiza una masacre en las primeras semanas, la respuesta inmunológica y una vacuna han de ser especialmente potentes para frenarlo. El segundo problema es su capacidad de entrar en latencia en nuestras células. Hay otros virus latentes, como son los herpes, pero adoptan una estrategia de no hacernos daño. El VIH entra en latencia, lo cual le hace invisible al sistema inmunológico, y, de pronto, se reactiva. Trabajos publicados por nuestro grupo demuestran que bastan seis horas para que ese virus latente produzca cientos de miles de partículas que, a su vez, van a infectar otras células. Esa estrategia es una guerra de guerrillas: sale de su escondite, ataca, y vuelve a refugiarse. Es un reto para el sistema inmunológico, que tiene que reaccionar muy rápidamente.

P. ¿Cuál es la solución?

R. Lo que necesitamos es una sustancia que prepare al sistema inmunológico para que el día que se enfrente al VIH tenga una respuesta preparada que le permita neutralizar esos primeros pasos, porque si no, estamos perdidos. Si el virus pasa esa primera barrera y se hace latente en las células la partida ya está perdida. Tenemos que tener preparada una defensa que en 48 o 72 horas bloquee completamente esa primera toma de posición del virus en las células.

P. ¿Cómo puede lograrse?

R. El gran obstáculo es conseguir anticuerpos eficaces. Toda vacuna protectora lo que hace es producir anticuerpos que se llaman neutralizantes, que bloquean la entrada del virus en las células, como en la gripe. Poniendo el símil de la llave y la cerradura, lo que hacen los anticuerpos es bloquear la llave del virus para que no pueda abrir la célula. En la infección por VIH la proteína diana de esos anticuerpos, que es la proteína de la superficie del virus, está plegada. Nos podemos imaginar esa llave como retorcida y escondiendo la parte que debe entrar en la cerradura. Entonces los anticuerpos, aunque existen, no pueden acceder ahí. Y esa proteína -la llave- sólo se despliega cuando está justo al lado de la cerradura. En ese contexto, que es un contexto tan estrecho, los anticuerpos acceden muy mal para bloquear el proceso. Eso quiere decir que va a ser muy difícil conseguir una vacuna capaz de bloquear esas estructuras en una molécula que está completamente plegada.

P. ¿Hay alguna solución?

R. Existen en el mundo cinco o seis anticuerpos que sí son neutralizantes frente a prácticamente todos los aislados virales. Grupos en EE UU han logrado obtener la estructura de esos anticuerpos. Tienen una especie de prolongación que les permite entrar en esa conformación plegada. Es un trabajo fabuloso, y muy duro. En mi opinión, desde el punto de vista de la investigación básica, ahí se encuentra la gran esperanza. Ahí sí tendremos anticuerpos con la estructura necesaria para bloquear el VIH. Es un desafío nuevo y no sabemos si será posible generarlos.

P. Eso descarta los casi 30 modelos de vacuna con lo que se está trabajando ahora.

R. Desgraciadamente, todos los datos de los nuevos prototipos indican que están fracasando, y todos los intentos que se han hecho aplicando modelos clásicos han fracasado. Han encallado, por ejemplo, el modelo de la hepatitis B, y los basados en poxvirus y adenovirus.

Las vacunas deben tener una respuesta en la mucosa rectal e intestinal muy potente porque es ahí donde se va a producir la primera batalla. Una de las cosas que hemos aprendido es que no podemos abordarla desde instancias o grupos individuales. Existe ya una gran iniciativa a nivel mundial.

P. ¿Qué puesto ocupa España en esa iniciativa?

R. Lo primero que tengo que aclarar es que en esa carrera yo coordino con Josep Maria Gatell, del Clínic de Barcelona, la red de sida del Instituto Carlos III, y con Felipe García, también del Clínic, el grupo de vacunas. Hasta hace cuatro años había muy poca inversión en vacunas y no se consideraba una prioridad.

P. ¿Ha cambiado eso?

R. El congreso de Suráfrica del año 2000 fue una primera llamada de atención sobre lo que estaba sucediendo en los países subsaharianos. Que se reconozca la prioridad es importante, pero más importante es que haya una financiación para eso, como acaba de aprobar el Fondo de Investigación Sanitaria. Gracias a eso la masa crítica de investigadores en VIH desde el año 2000 hasta aquí ha aumentado en nuestro país, aunque seguimos padeciendo los males endémicos de la investigación: tenemos un 50% de inversión respecto a la media europea y la estabilidad del personal investigador es una asignatura pendiente. Pero la distancia en investigación básica en VIH, que en 1996 era enorme, se ha acortado. Ahora por lo menos hay 20 o 30 grupos que investigamos en líneas importantes a nivel básico, y, sobre todo, en estrecha relación con los clínicos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de abril de 2006