A Frank Rijkaard ni se le vio en el autobús descapotable que recogió a los campeones a pie del avión, en la misma pista de aterrizaje del aeropuerto de El Prat. Al regreso de Vigo, como sucedió hace un año durante los festejos de la Liga ganada en el campo del Levante, el entrenador se borró. Empujado por su timidez casi tanto como por su voluntad de no restarle ni un segundo de protagonismo a los futbolistas, Rijkaard se escondió en la parte baja del vehículo mientras la plantilla compartía alegría en el piso de arriba con los miles de aficionados que desafiaron a la madrugada para celebrar el título desde Canaletes hasta el Camp Nou.
A las tres y media de la madrugada, ante la puerta 15 del estadio, la misma por donde entra el equipo los días del partido, el conductor del bus paró motores. Uno tras otro los jugadores desfilaron camino del vestuario y justo entonces, al fin apareció Rijkaard y, como salido de la nada, Lionel Messi se cruzó en su camino. Diríase que el juvenil argentino salió en busca del hombre que le catapultó y protegió, a partes casi iguales, en el transcurrir del año. Los testigos de su enorme, largo y cariñoso abrazo, periodistas casi todos, reconocieron en Rijkaard la primera muestra de felicidad plena en la cara del técnico desde que el Barça empezó a celebrar horas antes el título de Liga en el vestuario de Balaídos. Messi, el único jugador del plantel ausente en el campo del Celta, todavía lesionado, simboliza, seguramente mejor que ningún otro jugador del plantel, la capacidad mostrada esta temporada por Rijkaard para gestionar el grupo.
Begiristain: "El primer año sobrevivió, se dudó en el segundo y espero que ya nadie le cuestione"
Puyol: "En momentos delicados es tranquilo y con su inteligencia se adelanta a los problemas"
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"El primer año sobrevivió; la segunda temporada, por culpa de las lesiones, su capacidad para manejar el equipo generó muchas dudas en el entorno. Espero que ya nadie se atreva a cuestionar su capacidad de gestión", reflexionó ayer Txiki Begiristain, director deportivo del club azulgrana, quien agregó: "Manejar una plantilla de tanto nivel es complicado y Frank ha mostrado una capacidad enorme, espectacular". Begiristain no duda en señalar este campeonato como "el año de Rijkaard".
Carles Puyol, capitán del plantel profesional, apunta dos cualidades básicas con las que se ha manejado su entrenador a lo largo del año: "La calma y la inteligencia han protagonizado todas sus decisiones, dentro del vestuario y sobre el terreno de juego. Y a este nivel, no es algo sencillo", comentó el zaguero. "La tranquilidad le sirve para tomar decisiones en momentos delicados y la inteligencia para adelantarse a los problemas", añade, "ya sea por cuestiones propias de vestuario o durante los partidos, cuando las cosas se complican y es necesario un cambio".
"Tiene más cintura de la que parece durante los partidos", le reconoce Eusebio, con quien muy a menudo se le ve departir en los banquillos, lugar donde gusta de tener a mano recambios en función de las necesidades del equipo: "Suele hacerse una idea de lo que puede necesitar de antemano, se hace buena composición de lugar de por dónde puede ir el encuentro, casi siempre".
Aunque la presencia de Eusebio fue una imposición del director deportivo en el organigrama técnico, resulta evidente que ha hecho buenas migas con Rijkaard. No lo puede negar. "Te hace sentir útil, porque te escucha y te deja fluir", confiesa el de La Seca, que destaca en su jefe la capacidad para valorar el trabajo de los demás y trabajar siempre de forma colegiada, de manera que desde los médicos hasta los fisioterapeutas y los preparadores físicos se sienten responsables de su parcela. "Ha sabido utilizar los recursos físicos y psicológicos de la plantilla perfectamente, consiguiendo mantener la motivación y la concentración de los jugadores en todo momento".
Amante del método, sin llegar a los límites enfermizos de Van Gaal -"era demasiado pesado", cuentan personas de su confianza-, y provisto de cintura para improvisar, sin alcanzar el volver a empezar diario del que hacia gala Cruyff ("era instantáneo, tenía una capacidad de improvisación tremenda", se recuerda en el camerino azulgrana)-, Rijkaard, holandés como ambos, era señalado hasta ahora por su amabilidad y tranquilidad. Ahora, sin embargo, se ha reivindicado como capaz de tomar también decisiones difíciles para reforzar su autoridad y liderazgo. La línea la dejó marcada en septiembre, cuando el Barça jugó en campo del Betis, y dejó a Ronaldinho y Deco en Barcelona con la excusa de las rotaciones. "Aquel día entendimos que si les dejaba fuera, todos éramos prescindibles", recuerda Giuly. Convencido de que buena parte de culpa de su alto rendimiento proviene del trato que recibe del banquillo, Eto'o, a menudo tachado de egoísta sobre el campo, reconoció en la figura de su entrenador, ayer mismo, durante una charla con los lectores de France Fotball, una de las claves del Barcelona campeón: "Rijkaard ha impuesto su estilo, que nadie lo dude".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de mayo de 2006