Óscar Freire tiene una teoría: "El 80% del sprint es posición y el 20% es experiencia". Si le hacemos caso, el cupo de la veteranía lo tiene cubierto. Con 30 años, ha sido tres veces campeón del mundo en carretera (1999, 2001 y 2004), participa en su tercer Tour y ya sabía lo que era ganar en la ronda francesa al imponerse en la segunda etapa de 2002 en Sarrebruck (Luxemburgo). Así que todo debe tratarse de saber estar, de colocarse, de ese 80%. Freire estaba ayer bien colocado, como le gusta a él, "aguantando, a rueda", esperando su oportunidad, el momento decisivo para soltar el latigazo. Pero se cansó de esperar. "Creo que me equivoqué. Empecé muy pronto el sprint y por sorpresa para mí gané. Nunca tengo la iniciativa y esta vez quería sorprender. Otros días también sabía que podía ganar, pero me había faltado iniciativa y al final me quedaba con las ganas de esprintar. Esta vez no, arranqué desde muy lejos y con un viento muy fuerte de frente. Ha sido un sprint diferente a los que suelo hacer", explicó Freire.
"Cuando se mueve mucho dinero, hay gente que hace trampas", se queja el español
Gracias a las bonificaciones, el cántabro sube al tercer puesto de la general
MÁS INFORMACIÓN
Quizá otro no hubiera resistido, se hubiera desinflado antes de la meta, pero no Freire, que debería hacerle un hueco en su ecuación de la victoria a la fuerza pura de sus músculos. "Es que cuando tienes fuerzas es más fácil pensar y probar cosas, porque no es que yo sea el más listo, que si lo fuera me hubiera dedicado a estudiar y no a la bicicleta. Este año he venido en mejores condiciones al Tour que otras veces, cuando en la tercera etapa veía que ya iba a poder ganar", afirmó.
Deprimido por la expulsión de Mancebo por la trama de dopaje y por la retirada de Valverde, el ciclismo español acogió la victoria de Freire como un rayo de sol. Freire gastó bromas y puso una sonrisa. Y se acordó de su mujer, Laura, que había pronosticado su victoria y que el próximo martes sale de cuentas para dar a luz a un hijo al que llamarán Marcos. Freire se convirtió en el bueno de la película mientras el malo, Manolo Saiz, cántabro de Torrelavega como él, declaraba en los juzgados. "Cuando se mueve mucho dinero, hay gente que hace trampas. Nosotros no queremos que se hable más de malas noticias, sino que pase como en el Giro. Lo vi por televisión y sólo se hablaba de temas deportivos", pidió Freire. Claro que su vencedor, Ivan Basso, fue excluido del Tour antes de empezar por su vinculación con el dopaje. "Al ciclismo se le ve desde un punto de vista diferente al de otros deportes, a los que no se ha castigado. Pedimos que nos traten mejor", afirmó el corredor del Rabobank. El acelerón le sirvió a Freire para reivindicarse, para recordar que hace dos años era líder de la Copa del Mundo y que había ganado la Milán-San Remo, "y que se daba más importancia que a Jesús Manzano [ex corredor del Kelme que desveló prácticas dopantes en su equipo] le dolía la rodilla. Para el que ha estado todo el año trabajando es injusto".
Por arte de las bonificaciones, Freire subió hasta el tercer puesto de la general, además de sumar 35 puntos para la clasificación por la regularidad. En la lucha por el maillot verde, sólo McEwen y Boonen le superan. "Es difícil vestirse de amarillo, porque hay muchos corredores juntos y todos son sprinters", advirtió el español. Poco después de bajar del podio, alguien le preguntó si el triunfo le serviría para conseguir un mejor contrato ahora que acaba su vinculación con el Rabobank y tiene varias ofertas. "No creo que una victoria de etapa sea decisiva para alguien que ha sido tres veces campeón del mundo", se encargó de recordar. Freire avisó de que Menchov, su jefe de filas, puede ganar el Tour, y se quitó el sombrero ante la ayuda de su compañero Juan Antonio Flecha. "No sabía que era tan bueno ayudando y que tenía tanta experiencia". Freire abrió el pelotón en la llegada y otro español, David de la Fuente, lo cerró al perder más de 13 minutos tras una caída. También Isaac Gálvez, segundo el miércoles, rodó por los suelos. Llegó a cinco minutos, con contusiones y quemaduras en el brazo, el codo y el glúteo derecho.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de julio de 2006