El teatro Romea de Barcelona no cierra este año por vacaciones. Desde mañana hasta el 26 de agosto la sala presenta la primera versión para la escena de la mítica película de Federico Fellini La strada, con la que abre la temporada. El montaje parte de una versión escrita por Gerard Vázquez, cuenta con dirección de Xicu Masó y está interpretado por Míriam Alamany, Carles Martínez, Miquel Gòrriz y Meritxell Manyoses.
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Protagonizada por Giulietta Masina y Anthony Quinn y estrenada en 1956, La strada recibió numerosos premios, entre ellos el Oscar a la mejor película extranjera. La película cuenta la historia del forzudo Zampanó, que compra a la joven Gessamina a una familia y se la lleva en su recorrido itinerante como compañía artística. En su viaje se encuentran con un orate funambulista y músico con quien Gessamina establece una conexión especial. Pero viejas rencillas entre los dos hombres, unidas a los celos que siente Zampanó, desencadenarán la tragedia.
La obra llega a la escena en una producción de L'Alegria Centre d'Arts Escèniques, de Terrassa, ciudad donde se estrenó hace algunas semanas, y cuenta con nueva banda sonora compuesta por Maurici Villavecchia. Para los actores y el director, dar forma al montaje ha supuesto aventurarse en un proceso creativo muy distinto al seguido cuando se parte de un texto. "Hasta que no conseguimos visualizar todas las imágenes -es decir, las acciones-, la historia no empezó a fluir", dice Masó.
El director cree que la adaptación puede resultar satisfactoria tanto para quienes hayan visto la película como para los que no la conozcan; pero reconoce que el enfoque dramático entre ambos formatos es distinto. "Mucha gente recuerda La strada como una historia de amor. Nosotros no hemos trabajado este asunto, aunque en el resultado final está presente. Para nosotros es una historia de soledades, de tres personajes, borderline, insólitos, primos hermanos [de los de] Beckett por su soledad y porque son insólitos". Y expone su teoría según la cual "las soledades compartidas producen como resultado lógico una historia de amor".
Masó cree que el espectáculo mantiene "el tono felliniano" porque éste viene muy marcado "por la situación". La historia conserva el carácter itinerante de la original mediante una plataforma giratoria, "aunque el movimiento de los personajes es centrípeto, como una espiral de la que no pueden escapar", señala el director.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de agosto de 2006