Jordi Rodríguez (Terrassa, 1977) se incorporó en el año 1999 a la Fundación Cecot Innovació, de la que es director. Al principio, recuerda, eran como un "apóstol en el desierto", difundiendo la importancia de la innovación en la empresa.
Pregunta. ¿Qué entienden por innovación?
Respuesta. Explotar con éxito ideas nuevas. Enfocarse hacia la cuenta de resultados. No es hacer inventos ni cosas porque sí, tampoco necesariamente I+D de bata blanca. Se puede innovar en muchas áreas: tecnologías, ventas, recursos humanos.
P. En ocasiones parece que "innovación" no es más que el último mantra de los negocios.
R. Para diferenciarnos de las iniciativas de la competencia hay que hacer cosas distintas o de manera diferente. Cuando buscamos pareja, por ejemplo, tratamos de diferenciarnos para que nos elijan.
P. ¿Qué se necesita para innovar en la empresa?
R. Una apuesta clara de la dirección general, dedicar una serie de recursos y poner objetivos que puedan medirse en el tiempo.
P. ¿Innova quien puede o quien quiere?
R. Quien quiere. Hay que romper tabúes, Hemos innovado en empresas tradicionales del sector textil y otras muy pequeñas, de tres trabajadores. Importa la voluntad. Organizaciones como la nuestra o la Administración respaldan a los que quieren innovar.
P. ¿Cómo?
R. Haciéndoles tomar conciencia de la situación -que a menudo no es fácil- y con un proceso de acompañamiento: formación, implantación de metodología, vigilancia tecnológica. Depende del tipo de empresa. Al final, innovar es como una filosofía.
P. ¿Las empresas se muestran receptivas?
R. Nos toca perseguirlas. Estamos a su lado pero siempre tres pasos por delante. Diez pasos: visionarios. Uno: síndrome de Estocolmo.
P. ¿Las empresas tienen suficiente iniciativa?
R. No creo que en Cataluña haya ninguna empresa que no innove, porque ya habría cerrado. Si todo el mundo innovara constantemente, sería un caos, pero tiene que haber espacios para la reingeniería o para cuestionar lo que se hace. Algo importante es la tolerancia al fracaso: si se toma como una penalización, frena.
P. ¿Hay miedo al fracaso?
R. Muchísimo, y hay que romperlo. Desincentiva las propuestas de abajo hacia arriba y muchas veces quien puede aportar más son los empleados. No se trata siempre de mantener reuniones de gurús y de acabar contratando a una consultora.
P. ¿Hay una cierta tendencia a esperar que la Administración lo resuelva todo?
R. En Cataluña no ha sido así, pero las empresas piden que la Administración actúe de forma más proactiva: no cuando hay problemas, sino para evitar que surjan. Además, tradicionalmente no se ha hecho política industrial y ahora pagamos las consecuencias.
P. ¿Se prevé que esta falta de política pueda subsanarse?
R. Con el cambio de gobierno no ha sido así. Lo que tenemos que preguntarnos es si aún estamos a tiempo.
P. ¿Lo estamos?
R. Creo que sí. En Cataluña existe un tejido emprendedor importante. Faltan directrices, apoyo al mundo industrial y definir qué tipo de país queremos. Hay una tendencia a pasar al sector servicios, pero hay que tener claro que la industria es importante y no se puede abandonar.
P. La Administración parece encantada con esa tendencia.
R. La cuestión es si España quiere ser la Florida de Europa. La Administración es consciente de que el sector industrial es potente. Es difícil sobrevivir en una sociedad única y exclusivamente de servicios.
Ahora hay mucha polémica por las deslocalizaciones pero, si el contexto es global, las empresas, más que deslocalizarse, se multilocalizan. Están en más de un sitio y explotan las ventajas de cada uno.
P. ¿Cuál es la ventaja de Cataluña?
R. Tener un territorio cohesionado, un capital humano potente y una tradición industrial que aporta know how. Hay que pensar cómo evolucionarán el sector industrial y el de servicios y proporcionar herramientas, directrices y elementos de reflexión. Pero todo ello hacerlo desde una estrategia. La proximidad entre los dos sectores puede hacer que nazcan productos y empresas que en otro lado es difícil que salgan.
P. ¿Han tenido éxitos destacados en la fundación?
R. Sí. Uno muy interesante ha sido en relación con el ecodiseño. Se trataba de hacer packaging ecológico y de gastar cuanto menos producto, mejor. Hicimos una prueba con distintas empresas y llegamos al 50% de ahorro de material y de costes de embalaje. Resultó más sostenible, más económico y además, protegía mejor. Esto la empresa lo entiende perfectamente, y sabe que es un beneficio para ella y para toda la sociedad.
DATOS
- La Fundación Cecot Innovació se creó hace 10 años para respaldar a las empresas que querían introducir las TIC e innovar en sus procesos.
- Muchas empresas de su ámbito de influencia han sido pioneras en estos aspectos clave para la competitividad y la productividad.
- Jordi Rodríguez dirige la fundación, a la que se incorporó en 1999.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de agosto de 2006