Regocijábanse Chema Martínez (actual campeón de Europa) y Juan Carlos de la Ossa de que en su prueba, los 10.000 metros (final directa esta tarde), por una vez no tuvieran que lidiar (o sea, quedarse a la sombra) con los mejores del mundo, con los fondistas africanos, con los Gebrselassie o Tergat de antaño, con el Bekele de ahora. "Era tan frustrante...", dijo Chema Martínez. "Pero ahora, ésta es nuestra carrera, y se agradece. Y tengo un sueño, sueño que los dos últimos kilómetros nos quedaremos solos Tete [De la Ossa, que es su amigo y compañero de entrenamiento] y yo. Y que entre los dos nos jugaremos la victoria". Alegrábanse, pues, los dos manchegos de que para ellos un Europeo fuera de verdad un Europeo, y lo hacían al lado de Paquillo Fernández y de Juanma Molina, dos para los que igual de difícil es ser campeón mundial que ser campeón de Europa, porque en su prueba, los 20 kilómetros marcha, exceptuando al ecuatoriano Jefferson Pérez, los africanos son ellos (y algún ruso, también).
Paquillo, campeón de Europa, subcampeón mundial, subcampeón olímpico, todo eso a los 29 años, ha alcanzado un grado de madurez tal que para él la vida parece ser un largo río tranquilo. La química de su relación con Robert Korzeniowski, el maestro polaco que lo entrena desde hace dos años, desde la muerte de su anterior técnico, le ha transformado. Los años se han convertido en una sucesión de grandes competiciones en las que él, regularmente, termina en el podio. "La de este Europeo puede ser mi quinta gran medalla consecutiva", dice el marchador de Guadix (Granada), recién llegado de entrenarse 20 días en Spava, no lejos de Varsovia.
A la caza de la regularidad increíble de Paquillo marcha desde Cieza (Murcia) Juanma Molina, uno al que la vida deportiva aún ofrece sobresaltos. "Hasta ahora, éste no ha sido, precisamente, el mejor año de mi vida", dijo el murciano, de 27 años, que quedó bronce tras Paquillo en el Mundial de Helsinki y en el Europeo de Múnich y que llega a Gotemburgo "ilusionado como un novato". "He tenido que superar una lesión, una osteopatía del pubis, y un problema hematológico".
A Molina, cuando le preguntan por el secreto de Cieza, por qué un pueblo de 30.000 habitantes cuenta con él, con Benjamín Sánchez, el tercero del equipo español en los 20 kilómetros de Gotemburgo, y con Miguel Ángel López, subcampeón mundial júnior, suele responder, riendo, que por los malacatones. Después, en serio, siempre habla de José Antonio Carrillo, su entrenador, y de Fernando Vázquez, marchador ciezano, olímpico en Atlanta 96, que han conseguido que todos los chicos del pueblo quieran ser marchadores en vez de velocistas o fondistas. "Y ahora ya creo que nos merecemos tener un módulo de alto rendimiento especializado en marcha", dice. "Y creo que llegará pronto".
Pero lo de los malacatones, o sea, los melocotones, la fruta que da justa fama a Cieza, no está muy lejos. Entre huertos de melocotones, por caminos rurales asfaltados, se entrena Molina. Es su territorio. Y también el lugar en donde comprobó esta primavera que su hematocrito había descendido a 37, pese a estar bien de hierro. Fue una señal de alarma.
El hematocrito, el porcentaje de glóbulos rojos en la sangre, es un indicador de la capacidad de resistencia, de consumo de oxígeno. Y 37, si normalmente se tiene en 43-44, como Molina, es un número bajo (igual que más de 50 es un número alto). "Mi entrenador y yo llegamos a la conclusión de que era un problema de mi propia fisiología, quizás agravado por el excesivo entrenamiento", dice Molina. "Pero, por experiencia, sabía que en cuanto me concentrara en altura el problema comenzaría a solucionarse".
Así fue, en cuanto comenzó el calor, en cuanto vio acercarse agosto y su Europeo, Molina subió a trabajar a la Puebla de don Fadrique (Granada), a 1.164 metros de altitud, y después, en una segunda fase, a su segundo hogar, la estación francesa de Font Romeu, en los Pirineos, a 1.800 metros de altitud. "Y con eso, ya me puse en valores normales, en 44 de hematocrito, en casi 17 de hemoglobina, lo que me da más tranquilidad".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de agosto de 2006