Con un amplio respaldo popular y un Congreso a favor, Álvaro Uribe inició ayer su segundo periodo presidencial en Colombia. Se trata del primer mandatario reelecto por voto popular en dos periodos consecutivos. En su discurso, Uribe aseguró que buscará la paz, pero pidió de nuevo a la guerrilla "hechos irreversibles que expresen el designio" de conseguirla. El mandatario colombiano puso como ejemplo el proceso de diálogo con ETA abierto en España. En horas previas a la ceremonia, el Ejército desactivó un vehículo cargado con 200 kilos de explosivos.
Bogotá amaneció ayer blindada por más de 31.000 miembros de lo servicios de seguridad, ante el temor a que se repitiera lo ocurrido hace cuatro años, cuando la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) lanzó granadas de mortero que cayeron muy cerca del palacio presidencial y mataron a 21 personas. Hace ocho días, las FARC iniciaron una ofensiva de atentados con coches bomba y emboscadas que han causado casi 30 muertos, la mayoría miembros de las fuerzas de seguridad, informa la agencia Efe. Y ayer, el Ejército colombiano desactivó un vehículo cargado con 200 kilos de explosivos a unos 40 kilómetros al sur de la capital.Las autoridades creen que el coche bomba iba a ser activado en Bogotá durante la investidura.
En su discurso, el presidente Uribe aseguró que su política de Seguridad Democrática "se constituye en presupuesto fundamental para la reconciliación total".
El mandatario pidió a los violentos "hechos de paz" que fundamenten la apertura de una negociación. Para ello puso como ejemplo el proceso de diálogo abierto por el Gobierno español con ETA después de que la organización terrorista pasara tres años sin cometer asesinatos.
Audiencia privada
A la toma de posesión asistieron 11 presidentes y el príncipe de Asturias, don Felipe. Con este último, Uribe mantuvo una audiencia privada. Los grandes ausentes fueron los mandatarios del llamado eje de izquierda latinoamericano, que fueron reemplazados por vicepresidentes, ministros o primeras damas. Sí acudió la socialista Michelle Bachelet, presidenta de Chile. El invitado más asediado fue Carlos Lage, vicepresidente cubano, al que la prensa preguntaba por Fidel Castro.
Para Uribe, gran aliado de Estados Unidos en Latinoamérica, los retos para los próximos cuatro años no son fáciles. El ex ministro de Hacienda Juan Camilo Restrepo señala que el gran desafío en política social -la gran laguna de su primer mandato- será crear empleos estables y productivos. En los últimos cuatro años, el desempleo ha bajado, pero cerca de un tercio de los trabajadores colombianos tienen un empleo precario. Otra tarea urgente es hacer frente a la cadena de quiebras y cierres de la red pública hospitalaria.
Uribe ha prometido consolidar y sostener su política de Seguridad Democrática, con la que piensa doblegar a la guerrilla de las FARC y llevarla a la mesa de negociación. Para lograrlo, necesita agregar inversión social a la acción militar en las zonas más golpeadas por la violencia y poner freno a las conductas irregulares de miembros de la fuerza pública, que deslegitiman la acción militar. Pero el mayor reto que tiene el presidente es garantizar la verdadera reinserción de los más de 30.000 combatientes paramilitares que dejaron las armas en los últimos dos años.
Muchos analistas creen que en este nuevo mandato habrá un intercambio humanitario que pondrá fin al drama de más de 50 secuestrados políticos en manos de las FARC y se abrirá el diálogo con este grupo, considerado terrorista por la Unión Europea. "Tanto el Gobierno como las FARC lo necesitan. El primero, para consolidar su política de seguridad. La guerrilla, porque necesita oxígeno; no puede condenarse a pasar otros cuatro años en el desierto político", dice Alfredo Rangel, director de la Fundación Seguridad y Democracia.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de agosto de 2006